Todos los miércoles a las nueve de la mañana, con una fe extraordinaria por mi parte, conecto 24 horas de TVE, para seguir la sesión de control al Gobierno que se desarrolla todas las semanas. Y lo hago con la esperanza de escuchar propuestas que brillan por su ausencia, de valorar ideas que parecen no existir.
Pero continuo viendo, puntualmente, la celebración de esos plenos, con la esperanza de que, algún día, se haga realidad el motivo por el que se crearon estas sesiones de control, que no son otras que rendir cuentas del uso de los recursos públicos y atender el interés general, entre otras muchas cosas.
Pero esa es solo la teoría porque, en la practica, lo de menos es controlar—controlar lleva aparejado un trabajo que no están dispuestos a realizar—, lo que se pretende, y lo consiguen hasta la extenuación, es la practica del insulto barriobajero y chulesco en muchos casos, la perdida de las formas y el mostrar, todos ellos, su peor cara. Y en esa “atención al interés general” no estaría mal que, de vez en vez, dejaran expuestas sus ideas de Gobierno, si es que las tienen.
Según las encuestas, parece inevitable que, Alberto Núñez Feijóo, gobierne este país a partir de las próximas elecciones y seria bueno, y saludable para los ciudadanos, saber que piensa este hombre de las cosas que afectan al personal porque, por lo que hemos visto, hasta ahora, fiarnos de su palabra no nos podemos fiar mucho, teniendo en cuenta lo que nos dijo durante la campaña electoral del 2023 y lo que está ocurriendo ahora en sus filas. Se ha pasado de aquel rotundo no a la inclusión de Vox en sus ejecutivos autonómicos, si no alcanzaban el 50% de los votos, a formar coaliciones de Gobierno con el partido de extrema derecha en comunidades como Aragón, Castilla León, Extremadura y Andalucia, donde continúan negociando.
Y si hablamos de su acercamiento a los nacionalismos es para hacérselo mirar. Ha saltado de la acusación al Gobierno central de estar en manos de los que quieren la “destrucción” de España—sus insultos al Gobierno por este motivo son, a veces, vergonzosos– a tontear con el PNV y a cortejar descaradamente a Junts al mantener contactos con esta formación de la derecha independentista catalana—esa que pide en ingles al Papa que hable en catalán–, porque si los atláteres de Puigdemont decidieran apoyar al PP para que Feijóo pueda Gobernar este país pues “pelillos a la mar” sobre todas las tontunas que se dijeron en algún momento.
Pues con tanto “bamboleo” a mi, como ciudadana, me gustaría saber que piensa este señor de la vivienda, sanidad, educación. Temas tan fundamentales en una sociedad como las pensiones, por ejemplo, porque hemos pasado—bueno, ha pasado él—de criticar duramente la política de gasto social del Gobierno a comprometerse a mantener la revalorización de las pensiones según el IPC, lo mismo que cuestionaba la actual reforma laboral de este Gobierno, prometiendo modificarla, pero sin llegar a derogarla por completo. Es decir, lo de concretar sus decisiones no va mucho con él. En definitiva, es un hombre con el que no sabemos a que atenernos porque su discurso político, sus mensajes, están continuamente expuestos a bruscos cambios de postura.
En traducción de Yago de la Cierva, el coordinador de la visita del Papa a España, León XIV, entre otras muchas cosas, vino a decir que no deberíamos hablar del otro y si de nosotros mismos. Y Feijóo tendría que aplicarse esto: debería de hablar de sus ideas de gobierno, si es que las tiene.
Sabemos que el líder del PP, posee un amplio catalogo de insultos y descalificaciones hacia el Gobierno de Pedro Sánchez, lo que desconocemos son sus proyectos para hacer de este país un lugar mejor. Ni idea de lo que haría si gobernara.
En definitiva, no sabemos para que quiere el poder.
Publicado en La Opinión, de Murcia, el 17 de junio de 2026

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