Este no es un artículo sobre el Papa—hay muchos al respecto—pero si quiero destacar algunas cosas de este pontífice que me han hecho pensar. Y quiero traer a colación la primera encíclica de León XIV, Magnífica Humanitas, que fue publicada el pasado mes de mayo. Está dedicada a la ética, la dignidad de la persona y la custodia humana frente al avance de la inteligencia artificial, o lo que es igual, las nuevas tecnologías que, aunque nos parezca extraño, en algunos casos sirven para alejar a muchos ciudadanos del funcionamiento normal de la sociedad y es que, desde hace un tiempo en España, la mayoría de organismos –estatales,  autonómicos y locales—requieren de cita previa.

Y para conseguir una cita previa en  el SEPE, pongamos por caso, hay que introducir un código postal de cualquier de las oficinas a las que se quiere ir y hay que indicar el trámite que se necesita realizar. Se selecciona la cita disponible que se ajuste a las necesidades del solicitante, se introducen los datos y se pulsa el contacto. Todo “facilísimo” para quien sepa de todo esto. Por supuesto, para quien tenga en su casa un ordenador y desde luego, Wi-Fi, pero es que todos los que necesitan del servicio, de la asesoría del SEPE—organismo encargado de gestionar las prestaciones por desempleo o lo que es igual “el paro”—no tienen ningún tipo de ordenador—de sobremesa o portátil–, lo que significa que  cerca de cuatro millones de familias o, lo que es lo mismo, una de cada seis viviendas, carece de esta tecnología: no es necesario decir que esta brecha digital  afecta,  de manera especial, a los hogares de menores ingresos que, justamente, son los que necesitan más de la asistencia del SEPE—dicen que también se puede llamar a un teléfono que no contesta nunca–.

Inevitable tener en cuenta las palabras que León XIV pronuncio en uno de sus discursos durante su visita a Madrid cuando dijo «nadie puede arrodillarse ante el Señor y luego despreciar o ignorar al hermano». Sus mensajes enfatizan que la verdadera fe hacia Dios es incompatible con el egoísmo, la indiferencia hacia el prójimo, pero, al parecer, estamos en una sociedad en la que cuando alguien hace cosas por su prójimo se le levanta un expediente.

Sí, hablamos de un señor, Juan Carlos Nieto—funcionario del SEPE en Mérida–,   uno de esos personajes que nos reconcilian con el ser humano. Uno de esos ciudadanos   capaces de arriesgarse a una sanción por ayudar a los demás, por atender a usuarios sin cita previa y por la expedición de certificados de prestaciones necesarios para tramitar ayudas sociales. Algo que él explica con una enorme sencillez y que, al parece, sus superiores no entienden “llega gente mayor que no sabe hacer un trámite, así en Internet, o migrantes que no dominan el idioma”, y que dependen de esa ayuda para comer… “en muchos casos es gente que vive al día y necesita ese dinero para vivir y, si no se atienden esos casos, lo estarán pasando muy mal, no puedo mandarlos a casa cuando no hay nadie en la oficina”. “Las citas están programadas cada 15 minutos y muchas gestiones se resuelven antes. Además, existe un porcentaje significativo de ausencias. Hay momentos durante la jornada en los que la oficina está vacía o semivacía y es entonces cuando ayudamos a quien lo necesita”.

Si, explicaciones  plenas de humanidad, fáciles de entender excepto para esa jefa que, al parecer, ha decido abrirle un expediente sancionador tan difícil de comprender.

Un tema que ha llegado hasta el Defensor del Pueblo, Ángel Gabilondo, que ha abierto una actuación para recabar información sobre ese expediente iniciado contra un funcionario que ha osado atender a  ciudadanos, sin cita previa, cuando disponía de tiempo libre y  una vez concluida la atención a las personas  citadas.

Increíble, pero cierto.

Publicado en La Opinión, de Murcia, el 10 de junio de 2026

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