LA CANSERA DEL “PROCES”

Procuro escribir poco sobre la cuestión catalana, y no porque no me interese, es que he terminado por experimentar una cierta ‘cansera’ sobre el asunto. Y quizás también porque no salgo de mi asombro ante el ‘buenismo’ de los que intervinieron en la declaración de independencia de Cataluña y de su reclamada República. Porque de quienes utilizaron el Parlament para proclamar sus ensoñaciones esperábamos que aparecieran en el juicio con una cierta dignidad, defendiendo sus principios ideológicos, proclamando las razones de sus actos. Pero no, nos encontramos con gentes que niegan sus acciones, que dicen no saber el porqué estaban allí, que niegan la mayor y pregonan sus bondades, hasta caer en el ridículo como, pongamos por caso, el señor descarga (11)Junqueras, que nos dijo que era muy buena persona, o el señor Jordi Cuixart, que es tan ‘medio español’ que hasta habla castellano en la intimidad (suponemos que para poder entenderse con su madre murciana), y que se empeña en continuar diciendo que el día en que acosaron a la secretaria judicial obligándola a abandonar el edificio por una terraza lo hicieron sin violencia. Y el acto de destrozar los coches de la Guardia Civil se produjo sin violencia porque ellos son así de pacíficos: «Asumimos un acto de desobediencia civil y de no responder con violencia, aunque hubiese violencia por parte de la Guardia Civil y de la Policía Nacional. descarga (12)La no violencia es nuclear en la desobediencia civil». Ya ven, unos pacifistas al nivel de Mahatma Gandhi. Y no hablemos de la declaración de Forcadell. De aquella altanería con la que solemnemente declaró, como presidenta del Parlament, la independencia de Cataluña, y la creación de la República, ha quedado una mirada sumisa y un decir que solo había sido algo testimonial. Cara humillada, voz tenue y mirada huidiza eran lo que tocaba. Ni un atisbo de dignidad, como tampoco la tuvo cuando desobedeció al Tribunal Constitucional y la ley del Consejo de Garantías Estatutarias de Cataluña.

images (6)Pero lo que me hace hablar hoy de este cansino asunto es lo último de la señora Artadi, que en el colmo de la desfachatez, ha intentado comparar a Ana Frank con los lazos amarillos. Porque, al parecer, en este llamado Procés cabe todo. Cabe el cinismo y la mentira. Cabe la desmesura y la incoherencia. Cabe decir ayer una cosas y hoy todo lo contrario para salir en titulares. En esto parece haber quedado la política.

Elsa Artadi, en contestación a Soraya Sáez de Santamaría, aseguró en julio de 2018 que «las banalizaciones del apartheid o del nazismo no caben en el debate político catalán porque es una falta de respeto a las víctimas del nazismo o del apartheid». Así, como lo leen, y claro que llevaba razón. Pero ahora, en un ejercicio infumable de mala memoria publicó un tuit: «No se nos permite tener nuestra opinión. La gente quiere que tengamos la boca cerrada, pero esto no te impide tener tu propia opinión. Todo el mundo debe poder decir lo que piensa. Una frase de Ana Frank para el día de hoy en el que se cumplen 69 años de su muerte en Bergen-Belsen» (murió hace 74 años, no 69, como la desinformada Artadi dice). El mensaje se acompañaba de un lazo amarillo. Como era de esperar, la embajada de Israel, a través de Assaf Moran, ministro consejero de la misma en España, ha mostrado su indignación por esta vergonzosa comparación porque Ana Frank y su familia fueron detenidos por los nazis y enviados a un campo de exterminio por el solo hecho de ser judíos.

Publicado en La Opinión, de Murcia, el 20-3-2019

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