TIEMPOS PARA OTRO DISCURSO

Un discurso institucional en la Asamblea, de alguien que se presentaba como presidenciable después de casi veinte años de escuchar la misma voz, los mismos matices, debería haber servido para hablar de política con mayúsculas, para realizar una profunda reflexión sobre el pasado reciente de la comunidad, para exponer ideas sobre el futuro.

ALBERTO GARRECon la toma de posesión del nuevo Gobierno de la Comunidad Autónoma, que se realizó el pasado viernes, se culminó todo el proceso de relevo de Valcárcel al frente del ejecutivo regional. A lo largo de todo el procedimiento: Elección del candidato por Ramón Luis Valcárcel, intervención del elegido en la Asamblea Regional, publicación en el Boletín Oficial del Estado del nombramiento de Alberto Garre como presidente de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia, toma de posesión del mismo y toma de posesión del gobierno entrante el pasado viernes, hemos tenido la oportunidad de escuchar diferentes parlamentos del nuevo presidente, del nuevo Gobierno, y la desazón embarga nuestro ánimo, porque no nos hacen llegar ni un atisbo de ilusión.

Comienza una nueva etapa en la Región de Murcia, se supone, al cambiar el jefe del ejecutivo que ha presidido la comunidad durante casi veinte años. Y todos los cambios deberían ser para la esperanza, para el estreno de ilusiones, para la apertura de nuevos caminos que explorar. Sí, los cambios son, deberían de ser, motivo para abrir nuevas expectativas, para atisbar nuevos logros, para percibir nuevas promesas. Pero nos tememos que no será así, porque si el ejemplo de esa apertura hacia el futuro es el discurso que el señor Garre pronunció en la Asamblea Regional, la disertación de su toma de posesión, y las declaraciones de sus Consejeros con el mismo motivo, como se diría en el lenguaje coloquial, que gusta utilizar el señor Garre, apaga y vámonos, porque sus discursos, sus declaraciones, han tenido de todo, menos de lo que los ciudadanos esperan de quienes han de gobernarles, sobre todo en estos tiempos de tanta incertidumbre.

Un discurso institucional en la Asamblea, de alguien que se presentaba como presidenciable después de casi veinte años de escuchar la misma voz, los mismos matices, debería haber servido para hablar de política con mayúsculas, para realizar una profunda reflexión sobre el pasado reciente de la comunidad, para exponer ideas sobre el futuro, para situarnos en lo que se quiere para ella, por lo que debería estar prohibido acercarse a esa tribuna para hacer un canto a la nada a lo insustancial, a lo vacío de ideas, a la perogrullada. Y todo esto es lo que ocurrió en la intervención que Garre hizo en la Asamblea Regional y es que, el ya hoy presidente de la Comunidad, a falta de argumentos que llevarse a la boca, de mensajes para la esperanza, se enzarzó en un discurso un tanto tosco y provinciano y, si me apuran, pelín ofensivo para la oposición con eso de “el innombrable” al referirse a Zapatero.

Esa boutade, aunque de mal gusto, puede ser solo una muestra de cómo entiende la política el señor Garre, pero aquí, lo sustancial, lo importante, es la ausencia de ideas de que hizo gala el hoy ya Presidente de la Comunidad, porque su discurso transcurrió entre naderías y ausencia de un discurso que nos desvelara su idea de Región, de su proyecto para mejorar en algo esta comunidad. Sí, ausencia de ideas y de autocrítica, mucho de declaración de intenciones, nada de mostrar una mínima capacidad para las soluciones. De eso no se habló. Y son tiempos para criticar, para revisar, para solucionar.

Los discursos, de manera especial esos en los que los políticos han de reflejarse, deberían de servir para agitar esperanzas, para provocar ilusiones, para reenganchar en eso de la simpatía por la política a quienes hartos ya de estar hartos la sitúan en las encuestas como una de sus preocupaciones. Pero cuando un presidenciable se pierde en menudencias, cuando no es capaz de hablar de los problemas que realmente preocupan a los ciudadanos, cuando su discurso está ausente de la más mínima reflexión autocrítica está reflejando el concepto que tiene del ejercicio del poder. Un pobre concepto.

Publicado en La Opinión, de Murcia, el 15-4-2014
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