ONO, HAY QUE DEFENDERSE

USUARIOS DE ONO, HAY QUE. HAY QUE DESENMASCARARLOS. HAY QUE DECIR BASTA ANTE TANTO ATROPELLO.

Que el consumidor español está desprotegido ante los desmanes del ONOmercado es un hecho. Que las asociaciones de consumidores intentan luchar denodadamente porque los atropellos a los consumidores sean lo menos gravosos posible también lo es, pero el consumidor continua teniendo la sensación de  sentirse desprotegido ante los abusos de compañías que atropellan sus más mínimos derechos.

Pero el caso de las compañías de telefonía móvil merece un punto y aparte y si nos referimos a las cosas de ONO es para darles un premio por la desfachatez, el cinismo y la prepotencia de que hacen gala ante unos consumidores que se muestran impotentes hacia tanto atropello.

NO hablo de oídas porque estoy sufriendo en mis propias carnes el acoso, sí acoso, al que estoy siendo sometida por esta compañía que no se cómo calificar.

Los hechos se remontan al pasado mes de junio, cuando ante la oferta mejor de otra compañía, MOVISTAR, decido prescindir de los servicios de ONO, tras muchos años de permanencia en esa compañía. Por supuesto MOVISTAR me indica que yo no he de hacer nada en relación con ONO porque ellos se encargan del cambio de todo.

Con fecha 27 de Julio recibo la comunicación de MOVISTAR en la que se me dice que ya se ha procedido a la portabilidad solicitada y que todo está OK. Pasa el tiempo y ante mi sorpresa me encuentro con que  ONO continua facturándome Internet cuando yo ya no trabajo con ellos. Comunico al banco que no me carguen más esos recibos, aunque ya he tenido que pagar otros —mi llamada a ONO diciendo que ya no soy cliente suya no surte efecto—y ante mi sorpresa e indignación con fecha 3 del presente mes recibo un correo electrónico conteniendo un escrito amenazante de no se que departamento para comunicarme que si en el plazo de 48 horas no pago 89,46 euros que según ellos les debo me demandarán y tendré que pagar también las costas…sencillamente de vergüenza.

ONO IINo solo me están estafando– lo hicieron cuando les pagué recibos que yo no estaba consumiendo– es que no me dejan vivir en paz con llamadas a las que no dan contestación, en casa y en el móvil. Una vergueta absoluta. Y yo me pregunto, no hay mecanismo de defensa para el consumidor? El Gobierno no puede hacer algo ante tanto descaro? Las asociaciones de consumidores, pese a su lucha, son suficientes para defender a los ciudadanos? El Gobierno no puede hacer más ante tanto atropello?

Yo estoy dispuesta a luchar porque no me tomen el pelo. Si me demandan ya veremos que ocurre. Iré al fin del mundo si hace falta para defender mis derechos. Ya está bien de tomaduras de pelo ante tanto cara dura.

Espero que esta historia pare aquí, pero de no ser así continuaré con mi relato.

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