CAYETANO MARTÍNEZ DE IRUJO

Se dice que el caballo es uno de los animales más tontos que hay y como este joven acomodado y ocioso se ha pasado, se pasa, su vida montando en uno de esos animales, es lógico pensar que alguna sinergia se ha establecido.

MARTINEZ DE IRUJOCuando el señor Martínez de Irujo, Don Cayetano, apareció en TV diciendo no se cuantas bobadas sobre la condición de vagos de los andaluces, sentí el impulso de escribir algo sobre el personaje, pero al momento decidí que yo no perdía mi tiempo en ocuparme de los desatinos de este sujeto, de sus infundíos, de su lenguaraz manera de expresarse. Pero mire por donde el señorito recula—los caballo, sus compañeros inseparables, lo hacen a menudo y algo se le habrá quedado—y rectifica sus tonterías diciendo que él quiere mucho a los andaluces, que estos son muy trabajadores, que no se refería a todos y no se cuantas naderías más. Es decir, es tan simple, que cuando hace sus estrambóticas declaraciones al programa de TV Salvados ni siquiera es consciente de las barbaridades que está diciendo y es, cuando se arma la marimorena, cuando comprende; suponiendo que sea capaz, que su comportamiento ha sido absolutamente estúpido e impresentable; incluso para un señorito perteneciente a una familia dueña de media Andalucía–no creo yo que sean los compañeros de sus elitistas colegios los que labran sus tierras–, que habla con el tono insoportable que lo haría un terrateniente del siglo XVIII, en una tierra que tanto sabe de eso.

Pues sí, es ahora cuando no puedo resistir la tentación de emplear mi tiempo en hablar de este personaje, porque la unión de la estupidez con la cobardía es difícil de digerir. Y es así como se ha mostrado; primero como un cretino y más tarde como un cobarde que no sabe afrontar sus acciones. El ser humano ha de ser consecuente con sus actos. Intentar quitarse responsabilidades cuando no ha sido capaz de medir sus actos es una cobardía inadmisible. Porque no se que es peor: no saber lo que se dice o no ser capaz de asumirlo.

Cuando alguien se pone ante un micrófono, máxime si lo hace también ante una cámara, debe saber que lo que diga tendrá una especial dimensión. Y si no lo sabe demuestra ser un ignorante de tomo y lomo (se dice que el caballo es uno de los animales más tontos que hay y como este joven acomodado y ocioso se ha pasado, se pasa, su vida montando en uno de esos animales, es lógico pensar que alguna sinergia se ha establecido). Al susodicho—que no falte el humor– algunos andaluces le han enviado una azada, pero como estos artilugios no llevan instrucciones yo no se si el pollo la entenderá. ¡¡Qué barbaridad!! Un individuo, que no ha dado un palo al agua en su regalada vida, se permite hablar de los jornaleros andaluces como lo hizo. Como dicen los canarios ¡mándese mudar! Y aquí vale la traducción que ustedes quieran.

Publicado en La Opinión, de Murcia, el 21-12-2011
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