El espectáculo que días pasados nos ofrecían las diferentes televisiones en las que un individuo, Vito Zoppellari Quiles—el nombre y apellidos de Vito Quiles–, acosaba a Begoña Gómez—mujer del presidente del Gobierno Pedro Sánchez—nos hizo pensar, y mucho. Veíamos a un aparente matón de discoteca que se cree inmune; que hasta ahora lo es, acosando a una mujer que hablaba por teléfono, con preguntas insidiosas, como en el es costumbre, no dejándola andar, mientras que otra mujer, que tenia que dar pequeños saltitos para intentar impedir que el grabara las imágenes que estaba provocando, intentaba por todos los medios—y los de ella eran muy limitados—el que este personaje continuara acosando.
Personaje que se siente protegido, que ha hecho de las redes sociales su campo de batalla para su activismo político. Un activismo de extrema derecha; que falta a la verdad cada vez que habla, que miente como un bellaco; cada vez que escribe, y al que le encanta que le llamen agitador. Un agitador muy poco original que intenta copiar a los que de esto saben más que él — su intento de recorrido por los distintos campus de las universidades españolas en imitación del asesinado activista conservador estadounidense Charlie Kirk fue patético— y que tiene en su curriculum como “vocero” el haber sido nombrado, en el 2024, responsable de comunicación del partido ultra de Alvise Pérez, Se Acabó la Fiesta, a la vez que se integraba en su lista electoral para las elecciones al Parlamento Europeo en ese mismo año.
Y lo primero es preguntarse como es posible que la mujer de un presidente de Gobierno, del país que sea, puede ir sin escolta cuando en estos momentos es el objetivo numero uno de los provocadores, de los vende bulos, de los falsos periodistas, de los pseudocomunicadores que han hecho del escándalo, de la mentira, del acoso, de los falsos testimonios su modo de vida. Sí, como es posible que en España un abogado pueda pedir protección para una clienta acosada y la policía se la preste, y la mujer del presidente no la tenga cuando no la dejan, como en este caso, ni comer en un restaurante.
En España, es muy perfeccionable el reconocimiento del papel que juegan las mujeres de los presidentes del Gobierno. Y seguramente, si ese papel estuviese regulado, nos hubiésemos librado de habladurías en muchas ocasiones y de cierto despiste en los ciudadanos que desconocen el papel que se les encomienda, si es que tienen alguno.
Y ante tanta confusión, es normal que en el contexto de la defensa de Begoña Gómez, sus letrados hayan hecho una recopilación documental de las ayudas que asistentes y asesores contratados por la administración han prestado a distintas mujeres de presidentes. Así, por ejemplo, y según estos informes, Ana Botella, la mujer de José María Aznar, contó con la ayuda de esos asistentes para la boda de su hija, en el Escorial, entre otras muchas cosas. Y Elvira Fernández, la mujer de Mariano Rajoy, contó con el que hoy es diputado del Partido Popular, Jaime De los Santos, como «personal shopper». Y debió de ser verdad porque, al parecer, De los Santos reconoció esta labor.
Pues a mi, todo esto me parece normal. Lo que ya no es tan normal, es que las mismas cosas hechas, por unas o por otras, sean motivo de escarnio, o no. Por eso es imprescindible que existan disposiciones que aclaren el papel que han de jugar las mujeres de los presidentes y los recursos que se ponen a disposición de sus gabinetes, que deberían de tenerlos: todas.
Lo que me parece escandaloso es que un personaje como Quiles, que no es periodista, que es, simplemente un agitador—me da igual su ideología—pueda estar acreditado, como tal, en El Parlamento Español.
Y no lo es, aunque el Secretario General del PP, Miguel Tellado, se empeñe en llamarle periodista.
Publicado en La Opinión, de Murcia, el 6 de mayo de 2026

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