LAS COSAS DEL AUDITORIO DE CARTAGENA

AUDITORIO DE CARTAGENAEs muy difícil comprender, por muy buena voluntad que se tenga, que un auditorio puede ser construido sin una adecuada proyección y un minucioso estudio previo, porque el hacerlo así, o no, puede ser la diferencia entre conseguir una sala de conciertos a la altura de la mayor exigencia, o todo lo contrario.

Realmente es imposible entender que tras siete años de obras—no, no hablamos del Escorial— ¡que ya es tiempo!, a los responsables de la construcción del auditorio al que nos referimos no les haya dado tiempo de realizar todos los estudios pertinentes de visibilidad del escenario por parte de los espectadores. Algo indispensable para llegar al final sin pasar por el ridículo de tener que desmontar cien butacas de la sala principal y treinta de la segunda sala en importancia.

Sí, estamos hablando del que, en palabras de la alcaldesa de Cartagena Pilar Barreiro, seria el auditorio más guay del mundo mundial. Ya se, ella no ha diseñado el dichoso auditorio porque no es arquitecta y, ciertamente, ha de cargar con la incapacidad, en este caso, de los directamente responsables. Pero así como cuando las edificaciones públicas son un éxito todos los políticos se apuntan el tanto, así también tiene, en este caso, la responsabilidad de no haber contratado a la persona adecuada para la realización de dicho proyecto.

Los Auditorios deben ser la unión perfecta entre la arquitectura y la música. Ambas disciplinas, unidas para el disfrute del espectador, que al fin y a la postre es quien les da vida. Por eso, cuando se proyecta la construcción de un auditorio es tan importante la búsqueda del equilibrio entre arquitectura y música, para conseguir el objetivo primero: el disfrute de ambas.

Pero ciertamente, tenemos la sensación de que hay arquitectos que en lo único que piensan a la hora de presentar un proyecto es que les digan eso de “que bonito es”, porque en el fondo lo único que les importa es que estéticamente llame la atención por eso de pasar a la posteridad, supongo. Pero no es posible pasar a la posteridad con una obra, de estas características, en la que una parte de los espectadores no vean el escenario, o no tenga una buena acústica: imprescindible en este tipo de edificaciones.

Desconocemos las condiciones acústicas de las salas, pero teniendo en cuenta todo lo apuntado no nos extrañaría que se hubiese dado más importancia a la estética que a lo sustancial, y lo sustancial en un auditorio es la acústica y el público.

No se que explicaciones darán los políticos responsables del tema y el arquitecto en cuestión, pero el resultado, digan lo que digan, es de autentica chapuza. Por cierto, una chapuza en la que se han invertido sesenta millones de pesetas.

Publicado en La Opinión, de Murcia, el 29-10-2011
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