RNE, LA NOCHE MÁS LARGA

CASA DE LA RADIOEran las seis y veinte de la tarde de un 23 de F. Yo me encontraba en el locutorio de informativos de RNE, en la Casa de la Radio, en Madrid, ante un monitor—TVE estaba grabando el desarrollo de la sesión-atenta a que comenzase la votación el denominado banco azul, para conectar con mi compañero Juan Ramón de la Cuadra, que se encontraba en el Parlamento.

En el turno de votación del diputado Manuel Núñez Encabo, las puertas del hemiciclo se abrieron y vimos aparecer la figura inconfundible de Tejero, seguido por un grupo de guardias civiles, vociferando y amenazando a los diputados. Los compañeros que estaban en redacción vinieron en tropel a donde me encontraba-ellos sabían que yo tenía un monitor- y entraron Alejo García, Joaquín Ocio, José Antonio Alarcón, entre otros. Nos cogimos de las manos y escuché como alguien decía “otros 40 años”. Yo acerté a decir “todo se acabó”. Y mantuvimos la atención en unas imágenes que nos producían una mezcla de incredulidad y tristeza.

 

LOCUTORIO CASA DE LA RADIOAl momento, entró en el locutorio el que entonces era director de RNE, Eduardo Sotillos. Hizo un aparte con Joaquín Ocio y conmigo y nos dijo que, a partir de ese momento, solamente leeríamos las notas que el trajese personalmente. A partir de ese momento todo fue un ir y venir de comunicados, de lecturas, de tensión. Una tensión que ascendió a una cota difícil de describir cuando hizo su aparición el ejército y los soldados que invadieron la Casa de la Radio, se situaban entre la redacción y el locutorio donde nosotros desarrollábamos nuestra labor. En un momento determinado, el responsable de Emisiones entró en el control e indicó al técnico que pusiera la música militar que el portaba, pero como la que traía era música militar española y por lo que se ve a nuestros visitantes no les parecía lo suficientemente marcial, es Sotillos quien se ve obligado a cambiar la que sonaba por otra de “botas y pisadas fuertes”: la música militar alemana estaba más cerca de los gustos del militar que daba la orden. Fue una noche de tensión indescriptible.

¿Qué por que cuento todo esto ahora? Porque creo que se ha sido injustos con los que aquella noche la pasamos en RNE; ante y tras el micrófono. Ninguna otra emisora vivió la presión de verse invadidos por militares. Ningún jardín de ningún medio de comunicación se vio ocupado por las tanquetas del ejército. Ningunos otros trabajadores de medios sintieron la tristeza, la impotencia, de verse obligados a poner una música que a nosotros nos hacia sentir dolor en el alma. Y de pronto me encuentro con gente que hasta, sin estar, ha escrito libros de lo acontecido en Prado del Rey, donde solo unos pocos compartimos la angustia de una noche para olvidar.

Publicado en La Opinión, de Murcia, el 26-2-2011
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