UN CASO DE VIOLENCIA MACHISTA

LORQUI La Opinión, informaba el pasado miércoles de la agresión sufrida por una chica de 15 años a manos de un compañero de instituto en Lorquí. Y esto, que ya debería de inquietarnos por la edad de los jóvenes, nos preocupa más cuando leemos la completa información del periódico y subyace en toda la investigación, llevada a cabo por nuestros compañeros de la redacción, un claro “tufo” a violencia machista y a racismo.

Violencia machista porque, como siempre ocurre en estos casos, los amigos del agresor casi justifican la agresión con declaraciones como: “Ella tuvo que hacerle algo porque si no él no le hubiera pegado” o “el no quería verla, le decía claramente que pasaba de ella así es que al final ha pasado lo que ha pasado”. Vienen a decirnos que ha ocurrido lo que tenía que ocurrir. Pues no, no debería de haber ocurrido una agresión que no se produce en un momento de furia o descontrol por el supuesto acoso al que era sometido por la chica, según la declaración del agresor. La muchacha estaba con unas amigas, el la llamó y la cito en la terraza de su casa y la agredió.

Los jueces serán los que tengan que pronunciarse al respecto, pero no hay que ser experto en leyes como para no percibir que hay una clara premeditación por parte del agresor: porque la llama por teléfono, le hace ir a su casa y entrar en una habitación de la terraza y es ahí donde la agrede. Y la agrede con ensañamiento. Son cuatro los golpes, tres de ellos en la cabeza los que le propina. No, no se limita a asustarla, como declara el sujeto, hay una clara intención de hacer daño como lo prueban la fuerza de los golpes que le han producido a la agredida graves fracturas craneoencefálicas que la mantienen en estado grave en la Arrixaca.

Y junto a la violencia machista de que la que hace gala el agresor hay un fuerte comportamiento racista que los amigos reconocen cuando declaran que “se avergonzaba de que le vieran con ella porque es ecuatoriana”. Los menos amigos apuntan que solía insultar a los negros y extranjeros y que ha llevado símbolos racistas en su cabeza.

“En esta casa no ha pasado nada”, manifestó la madre del agresor por el telefonillo de su casa. Pues si señora ha pasado mucho. Ha pasado que un chaval de 16 años ha intentado matar a una compañera de clase con la que no quiere que le vean públicamente porque es ecuatoriana, lo que no ha impedido, al parecer, que hiciese el amor con ella cuando, dicen sus amigos, le apetecía, poniendo de relieve un comportamiento atrozmente machista con la particularidad de que solamente tiene 16 años. Una sociedad moderna no puede estar educando así a sus jóvenes.

Publicado en La Opinión, de Murcia, el 15-1-2011
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