MARÍA DUEÑAS, PROFESORA DE LA UMU, ESCRITORA

EL TIEMPO ENTRE LECTURAS

g Quedamos en el Campus de la Merced. En su despacho de la Facultad de Letras de la UMU. Ordenador sobre la mesa y estantería llena de libros con detalles en las paredes de personalización del espacio. Un grabado, una foto plena de encanto con olor a Caribe y el reflejo de la Habana vieja, con su confesión de profunda admiración hacia el pintor estadounidense Edward Hopper, de quien cuelga una lámina en una de las paredes.

La tarde resalta la calma que hace oír el silencio. Sobre un panel un dibujo de cuando su hija era pequeña, al que concede la misma importancia que a esos pintores a los que admira o como a Coetzee, el Premio Nobel de Literatura de quien conserva una foto y un libro dedicado porque, nos confiesa, es un escritor que la tiene fascinada.

Es una mujer vital, con una acusada personalidad. Que mira a los ojos cuando habla, que sonríe cuando habla y que gesticula cuando habla. Una mujer dinámica que ama la vida, que se siente feliz con ella y que agradece el momento que está viviendo, aunque yo creo que siempre ha sido feliz. Con su trabajo, en su vida privada y con ese mar que ella dice adorar y que le lleva a identificarse totalmente con Cartagena, aunque recuerde el lugar de La Mancha en que nació con cariño porque tuvo una niñez muy poco aburrida: “Una infancia de colegio, de familia, de amigos, de jugar en la calle, de “Un globo, dos globos, tres globos” de TVE. Fui una niña feliz”. Una niña que elige estudiar Filología Inglesa porque siempre fue más de letras que de ciencias, pero nos reconoce que no fue una vocación pasional. Y lo que son las cosas, la escritura, que tampoco lo fue porque comenzó a escribir hace unos cuatros años, se ha convertido en el gran descubrimiento para los lectores y para ella misma porque El tiempo entre costuras ha sido el suceso editorial del año. Seguramente porque, nos dice, siempre ha sido una buena lectora y siempre tuvo facilidad para escribir, para redactar, así es que aprovechó que su carrera universitaria estaba encaminada, que los niños ya no necesitaban tanto de ella para dar rienda suelta a algo que llevaba dentro, el deseo de reconstruir el escenario de la presencia española en el Protectorado Español de Marruecos: “Mis abuelos vivieron allí, mi madre nació allí, yo he oído hablar de ese mundo toda mi vida y sabía como lectora, antes que escritora, que había un vacío en la narrativa contemporánea sobre ese tema. Tuve claro ese escenario y ahí arranqué”. Y continua contándonos la génesis del libro y, a lo largo de la charla, algo queda muy claro; ella no quiere que el gran triunfo cosechado por “El tiempo entre costuras” condicione su vida. Y cuando hablamos de escritoras que sintieron angustia de continuar escribiendo ante un primer gran éxito; hacemos referencia a Carmen Laforet con Nada, ella nos dice que a la escritora madrileña le cogió con veinte años y a ella con 47 y que las cosas no son igual cuando estas en la madurez.

Es coqueta y le preocupan las fotos que Águeda le está haciendo. Se justifica en que su pelo, hoy, no está como ella querría, aunque a nosotras nos parezca que está bien. Así es que la tranquilizamos y tratamos de reconducir la conversación hacia las causas del éxito de su primer libro y nos reconoce que a ella le cuesta trabajo acertar en los motivos: “Me dicen que los lectores experimentan empatía hacia el personaje de Sira, que se meten en su piel. Que el libro se lee con facilidad y que el lector se siente cómodo”.

El lugar en el que nos encontramos nos invita a charlar de su recién pedida excedencia. De su actividad docente. Y nos dice que realmente no tiene la sensación de haberse ido, pero tampoco descarta nada. Ella ha dicho un hasta luego, pero no le preocupa lo que pueda ocurrir en un futuro aunque nos reconoce que en la Universidad ha sido muy feliz y que continuaría en ella si esto de la literatura no hubiese cambiado su vida. La enseñanza le ha aportado mucho y está segura de que sin la experiencia docente no hubiese podido escribir: “El rigor, la disciplina, la capacidad de trabajo, la organización, la planificación, todo eso viene de la Universidad porque yo no soy organizada de manera natural”.

La charla transcurre de manera agradable, ella la hace fácil con su ausencia de artificio, con su naturalidad al aceptar todo lo que le está viniendo encima como si fuese lo más normal del mundo. Y hace bien, porque el momento que está viviendo es para disfrutarlo, como disfrutó de la búsqueda de documentación para su primer libro, de su escritura y de la vorágine que está viviendo ahora con esto de la promoción de su libro. Y es que se reconoce una persona positiva, optimista, con ganas de hacer cosas, con capacidad de ilusionarse con proyectos, pero a la que le gusta también no hacer nada, tumbarse en el sofá y dejarse ir:“Yo soy mucho de aficiones sencillas, convencionales. Como quiera que nunca he tenido mucho tiempo libre me gusta simplemente no hacer nada, pasar la tarde tranquilamente en casa, porque mis gustos son sencillos: cine, viajar y estar con amigos”.

Las cosas normales, nos dice, aunque no sea tan normal lo que le ha ocurrido con su primera novela, sobre la que se está preparando un serie para televisión de trece capítulos, andando ahora inmersos en eso del casting que elegirá a los actores: “Vivo un momento de expectación, de curiosidad sobre todo ante la elección de Sira, la intérprete”.

Sira, ese personaje que nos cuenta: “Una máquina de escribir reventó mi destino. Fue una Hispano Olivetti y de ella me separó durante semanas el cristal de un escaparate”. Sí, de esta forma comienza El tiempo entre costuras. Si pueden, continúen leyéndolo.

Publicado en La Opinión, de Murcia, el 23-12-2010
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