PACO CANOVAS, PINTOR

LA PINTURA COMO SENTIMIENTO

PACO CANOVAS Trabaja diariamente en un estudio perfectamente organizado: un especio para dibujar y otro en el que un lienzo blanco espera en un caballete la mancha creadora. Los colores se mezclan en suave armonía y los cuadros terminados se alinean marcialmente. Suena Radio Clásica y es que, la música, es para el una necesidad vital como pone de relieve una gran colección de CDs, con predominio de Clásica y Jazz pero, nos confiesa, a el le gusta todo lo bueno y, entre lo bueno, se encuentra Jerry Lee Lewis. Y nos cuenta que su obra está estrechamente unida a la música porque surge en función de la melodía que tiene puesta. Tan estrechamente, que a veces busca la composición adecuada dependiendo de la obra que tiene entre manos. Y es que, nos dice, la música que escucha está inmersa en su obra, en sus cuadros, en su manera de concebir la pintura y asimismo su obra posee la influencia de lo que está escuchando, por eso se sorprende a veces cambiando la música que está oyendo en esos momentos porque no se corresponde con lo que está sintiendo con la pintura.

Habla quedo, de manera reflexiva. Buscando las palabras adecuadas, esforzándose por decir justo aquello que quiere transmitir. Tenemos la sensación de que no ha sido comprendido a veces y por eso busca la expresión que refleje el respeto a sus ideas. Algo que intenta desde siempre, desde que nació y creció en una Murcia y en una época de carencias que le forjó de una manera especial y donde desde niño siente que quiere ser pintor, buscando dentro de si la manera de expresar todos los trazos, todos los colores que llevaba dentro y que emergen de manera especial cuando el escritor murciano Paco Alemán Sainz le deja el libro “El sentimiento de la pintura”, escrito por el maestro Gaya y es que: “Si a los 14 años un amigo mío me enseña un libro de Cezanne y este me dice que es la pintura. Gaya, a través de “El sentimiento de la pintura”, me dice el cómo”.Y es que, nos cuenta, el estaba sintiendo por dentro algo que no sabía expresar y la unión de estos dos genios y su propio espíritu creativo: mirando, viendo, contemplando a los grandes, visitando el Museo del Prado, le llevó a encontrar su camino.

Busca entre los libros que tiene en el estudio y nos enseña esa obra de Gaya. Una edición de los 60 con la dedicatoria que un día escribió. Y lo hace con reverencia, con admiración hacia quien considera un maestro excepcional: “Después de leerlo llegue a la conclusión de que es un escritor que pinta, y es que nadie ha descrito el sentimiento de la pintura como el, así es que cuando en 1975 expone en Murcia en Chys, y me llaman para que vea aquella exposición sentí que en ella estaba la verdad de la pintura”.

Con el podríamos estar hablando de Gaya eternamente, pero reconducimos el tema hacia lo que intenta ofrecer en su pintura. Nos mira, lo piensa y nos dice que el se ofrece en ella, seguramente porque como esta sociedad en la que estamos no le gusta, intenta crear su propio mundo a través de la pintura. Y como está convencido de que hay una gran carga de incomunicación entre todos, de que falta contacto entre los seres humanos, el aspira a conmover con su pintura, con su forma de expresarse, en un intento de llegar a los demás, aunque una vez que está pintado el cuadro “ya solo vale lo próximo que haga”.

Es en 1964 cuando presenta su primera exposición individual y en el 2008 cuando exhibe la última. Queremos saber en que ha cambiado su pintura en este tiempo y afirma que, esencialmente no cambia nada, pero si es cierto que el tiempo le ha ido formando porque en su caminar fue descubriendo formas de hacer y sentimientos que transmite a su pintura y es que, nos dice, es un autodidacta que ha ido forjándose paso a paso “porque no fui a ninguna academia, porque tuve que ganarme la vida desde que terminé bachiller con una beca”. Y en ese forjarse así mismo han tenido mucho que ver sus peregrinajes al Museo del Prado y artistas como Velázquez que le han hecho sentir de manera especial “Obviamente frente a las Meninas llega un momento en que te tienes que sentar para recuperarte de la emoción. Pero a mi en el Museo del Prado, me quedo con el cuadro del bufón llamado “don Juan de Austria”, también de Velázquez, que está sin acabar y que me conmueve”.

Como le conmueven los paisajes de esta Región. Los del Valle del Ricote, los de Campos del Río y Abanilla. Los de La Cresta del Gayo y Fortuna. Y nos habla con la misma pasión de los de Jumilla, de Yecla. Y esos paisajes de tierra y mar, al lado del Mar Menor, donde las flores en primavera tienen un color especial. Paisajes de los que habla con auténtica veneración un hombre que, por encima de todo nos dice, cree en el paisaje del alma. Ese que no se ve con los ojos de manera física, pero si que se siente cuando en su recorrer la Región aparece un panorama determinado y de pronto se encuentra tomando notas, reflejando sus sentimientos en un blog, dejándose inundar por la emoción que le produce ese mirar “y con ese sentimiento me vengo al estudio y todo ello va emergiendo”. Y es que, nos confiesa, el encuentra su propio mundo aquí, en este estudio con vida, donde se pasa horas en soledad. Soledad buscada nos dice. Una soledad que comprendemos cuando al hablar de amistad nos responde con otra pregunta: ¿Dónde está la amistad? Y quizás esa decepción hacia la confraternidad le lleva a la prudencia, a no sentir ningún deseo de analizar el momento que la pintura vive en la Región. Se sonríe, y prefiere el silencio.

Publicado en La Opinión, de Murcia, el 25-11-2010
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