LOS CIUDADANOS Y EL AYUNTAMIENTO

Suponemos que la venta ambulante está regulada. Intuimos que los mercadillos callejeros tienen unos días y horas determinadas e imaginamos que los artículos que se venden en dichos mercadillos tendrán que tener las mínimas condiciones de salubridad.Vamos, que no debería aceptarse que haya mercadillos que surjan por arte de magia y que lo que se venda en ellos sea el producto de una previa esquilmación de los contenedores de basura.

Pues bien, desde hace uno dos años los vecinos del barrio de San Andrés vienen soportando que en la calle Nuevas Tecnologías y en la de la estación de autobuses, todos los domingos, se instale un extraño mercadillo con objetos que es posible encontrar en la basura: zapatos, ropa vieja juguetes rotos, objetos variopintos, teléfonos móviles y hasta un ordenador que otro. Nos cuentan que, si no llueve, quizás tengan la suerte de que los vendedores recojan parte de sus mercaderías al finalizar la venta porque, de lo contrario, dejarán todo abandonado convirtiendo la calle en un basurero.

Hace un año, aproximadamente, los vecinos, hartos ya de estar hartos—un domingo se espera poder descansar y es difícil hacerlo cuando desde las siete de la mañana se oyen gritos—dirigieron una protesta al alcalde de la que aún están esperando la respuesta así es que, inasequibles al desaliento, todos los domingos, a las siete y media de la mañana, llaman a la policía municipal y esta llega cuando le parece, aunque manifiestan que tienen el aviso de ir todos los domingos a ese lugar e incautar lo que venden. El domingo pasado fueron avisados, una vez más a las 7,30, por los vecinos y una vez más tardaron cinco horas en llegar: lo hicieron a las 12,30.

Hace poco leía un articulo del politólogo Joan Subirats en el que venia a decir que nuestras ciudades son el reflejo de la creciente complejidad de la sociedad, que cada vez hay más individuos que sufren un caos total sobre cuáles son sus límites, que no saben dirimir la frontera entre qué pueden o no puede hacer. Y esto es lo que está ocurriendo en las calles Nuevas Tecnologías y Sierra Nevada en las que se dan patrones de comportamiento que inquietan a unos vecinos que se sienten indefensos porque sus quejas no dan resultado. Como en el artículo al que hacemos referencia, el problema de estos ciudadanos no es la inseguridad, son muchas inseguridades que se acumulan y les inquietan porque, tras el fracaso de sus quejas, ellos sienten que no solo es que carezcan de una autoridad es que echan en falta muchas autoridades. O quizás sería suficiente con que el Ayuntamiento cumpliera con su obligación hacia ellos. Así de fácil.

Publicado en La Opinión, de Murcia, el 25-9-2010
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