LA FUERZA DE LA UMU Y UPCT

img075 La Universidad de Murcia, UMU, y la Universidad Politécnica de Cartagena, UPCT, unidas por el nombre Campus Mare Nostrum–un proyecto encaminado a conseguir uno de los campus de excelencia del ministerio de Educación—esperan, con un punto de intranquilidad, el mes de octubre porque será, a mediados del mismo, cuando el ministerio de Educación se pronuncie sobre las universidades; trece seleccionadas, que conseguirán el prestigioso reconocimiento de campus de excelencia. Un reconocimiento que les reportaría más de quinientos mil euros. Pero esto, con ser importante—el dinero es imprescindible si se quiere avanzar en la investigación—no lo es más que el hecho de poner de relieve la fuerza de la unidad, del compromiso mutuo, de la renuncia a egos, de valorar; por encima de todo, el esfuerzo que ambas instituciones han hecho para unirse en un proyecto común, con la mirada puesta en conseguir para sus instituciones un alto reconocimiento académico para ambos organismo, con lo que esto significa.

Cuando se ocupa un alto puesto en la sociedad–ser Rector de una universidad es uno de los más prestigiados y prestigiosos–se corre el serio peligro de perder el sentido de la realidad y dejarse llevar por un desmesurado deseo de protagonismo. Un protagonismo que siempre busca poner de relieve lo capaz que el personaje es: lo listo, lo inteligente, lo extraordinario de su labor y es que, no nos engañemos, la persona que padece el “síndrome del protagonista” necesita sentirse el centro de atención de todos aquellos que forman parte de la sociedad a la que pertenecen. En definitiva, el protagonismo viene a ser como una “marea” de vanidad donde el sujeto olvida que lo importante es el mensaje que es capaz de hacer llegar, no que aparezca como el máximo responsable de un proyecto.

Pues bien, por lo que se ve, los Rectores de la UMU, José Antonio Cobacho y de UPGT, Félix Faura, no parece que padezcan de ese mal; vamos que no dan síntomas de dicha enfermedad, por suerte para sus universidades. Y miren que es difícil que no hayan sido afectados porque, si el ser humano es el reflejo; en una parte importante, de su herencia genética, no es menos cierto que, al final, es el resultado del ambiente en el que se desarrolla y debemos de reconocer que el trabajo en la universidad y también el periodismo; no nos engañemos, produce una gran dosis de vanidad.

Pues bien, los dos han sido capaces de escapar de ella hasta el punto de renunciar al protagonismo que les corresponde en las aperturas oficiales de curso para que cada año la ceremonia tenga lugar en una universidad distinta. Buen ejemplo.

Publicado en La Opinión, de Murcia, el 10-9-2010
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