Volvemos a encontrarnos en esta sección de La Opinión, que  me permite dirigirme a ustedes todos los miércoles del año—excepto la época estival–, donde intento reflexionar sobre lo que ocurre a nuestro alrededor. Y créanme que, durante el tiempo alejada de este rincón, he intentado no leer  todos los periódicos—costumbre que intento perder y no lo consigo–, he procurado ver menos informativos de televisión y creo que he conseguido no empaparme de los informativos de radio.

Pero aunque he procurado alejarme de todo un poco, lo cierto es que no creo haberlo conseguido, porque la sensación que tengo  es de que nuestra sociedad continua tan enfrentada como cuando me despedí de este rincón en el mes de julio, y los personajes que, día a día, procuran que el “soufflé” de la sensación de agobio social  no baje hacen un esfuerzo sobrehumano para que esta percepción continúe porque eso ayuda a que no se hable de sus cosas: no todas muy edificantes.

Y me estoy acordando de manera especial de Isabel Díaz Ayuso—imposible no enterarte de sus salidas de tono por muy poco que veas los informativos porque está en todos y en todo—y seguramente porque el caso de esta política es digno de estudio. Como presidenta del Gobierno de Madrid ha conseguido que no se hable nada de su gestión como responsable de esa comunidad y para conseguirlo, desde el primer momento, se convirtió en la voz de la oposición—no se que pensará al respecto Feijóo, pero la impresión que tenemos es que él es su portavoz—y convirtió a Pedro Sánchez en el objetivo de sus discursos con un lenguaje impropio de alguien que gobierna una comunidad y un estilo un tanto chabacano que nos hace pensar que a veces hay personajes que pueden perder el oremus con tal de que no se les pida responsabilidades sobre su gestión.

En España hay diecisiete comunidades autónomas y Ceuta y Melilla que son consideradas ciudades autónomas. Pues bien, estoy segura de que si hiciésemos una encuesta entre nuestros lectores, muchos de ellos no acertarían con todos  los nombres de todos los presidentes o presidentas de las distintas comunidades. Sencillamente,  porque son presidentes y presidentas que se preocupan y ocupan de la gobernación de sus territorios y están menos pendientes de inventarse frases sorprendentes sobre el Gobierno central para llamar la atención de los medios de comunicación y aparecer, un día si y otro también, en titulares, por  esa costumbre suya de ser el “perejil” de todas las salsas para que de esta forma no se hable de su manera—a veces no muy brillante– de regir los destinos de Madrid.

Díaz Ayuso, es alguien que siendo presidenta de una comunidad, puede comenzar su intervención en el debate de la región—en Madrid se le llama debate sobre la “orientación” de su gobierno–, hablando de todo lo que hace mal el Gobierno de la Nación y no decir ni «mu» de su supuesta gestión al frente del Gobierno de Madrid—del famoso “ático” ni hablamos–.

Sí, los pasados días diez y once de este mes de septiembre, Isabel Díaz Ayuso empezaba  el debate sobre la «orientación» de su Gobierno hablando de temas tan “madrileños” como la crisis de Ceuta—que calificó de invasión extrapolable al resto de España– o el tercer grado de Henri Parot, exmiembro de ETA, lanzando su “soflama” habitual contra el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y  sus ministros–a los de Interior, Defensa y Exteriores les acusó de «no haber estado a la altura”–,con especial atención a la labor de la titular de Sanidad, Mónica García, por la que tiene una especial querencia. De lo que no hablo es de que, Madrid, tiene en  lista de espera a más de 19.000 mujeres para una mamografía y a 9.000 sin fecha para la prueba. De eso no habló.

Bueno, y de la compra del ático en el lugar más caro de Madrid, tampoco. De eso, tampoco.

Publicado en La Opinión, de Murcia, el 16 de septiembre de 2026

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