El acoso y derribo al que PP y Vox están sometiendo al Gobierno, legítimamente constituido—lo de que Feijóo no es presidente del Gobierno “porque no quiere” no deja de ser un chascarrillo–, es preocupante, porque hace tiempo que se perdieron las formas más elementales de un cierto decoro en el comportamiento de los parlamentarios.
Desde el primer momento de esta legislatura, la oposición decidió que había que tensar la cuerda hasta el infinito y si, entre otras muchas cosas, se tienen que alterar las citas de los poetas, pongamos por caso, pues se alteran si con eso se deja en evidencia al adversario, que de eso se trata.
Y me estoy refiriendo al ridículo que el líder del partido popular Alberto Núñez Feijóo protagonizó el mismo día que se celebraba al debate de investidura en noviembre del 2023—las descalificaciones comenzaron muy pronto–, y en el que el entonces candidato a la presidencia del Gobierno, Pedro Sánchez, utilizó la cita original de Antonio Machado: «Hoy es siempre todavía», lo que animo a Núñez Feijóo a ponerse estupendo, en su réplica, para afearle el discurso acusándole de omitir el final del poema y exigirle la “cita completa”, que según el presidente del PP era: «Hoy es siempre todavía, toda la vida es ahora. Y ahora, ahora es el momento de cumplir las promesas que nos hicimos». Pero es que, la segunda parte de ese texto no pertenece a ningún poema de Machado. Se trata de una adaptación libre que el cantautor, Ismael Serrano, incluyó en su canción «Ahora». Es más, el propio Serrano, reaccionaba para aclarar tamaño malentendido diciendo: «No es por darme el pisto. Pero el añadido no es de Machado. Es de un servidor».
Y esto, que puede ser interpretado como una simple “metedura de pata”, por parte de Feijóo, ya nos avisaba de lo que sucedería en el curso que comenzaba: la utilización de las exageraciones, de los excesos, de las mentiras también, para descalificar al Gobierno de coalición que se anunciaba ese día.
Y así, el señor Núñez Feijóo, ha venido llamando a Pedro Sánchez, entre otras muchas cosas, “fraude”, “traidor de Europa”, “numero uno de un Gobierno corrupto”, hasta tachar de “organización criminal” al ejecutivo — créanme, esta es una selección de expresiones comedida, en la que no he incluido las cosas que se les puede ocurrir a Miguel Tellado y compañía, por ejemplo, porque algunas me producen sonrojo ante la bajeza de ciertos diputados–. Y lo que dice Vox, mejor lo dejamos porque, a mi, lo que me preocupa es lo que hace el PP, que viene del centro, de un centro tan necesario en este país y que, en esa deriva en la que lleva tanto tiempo, corre el peligro de confundirse con Vox, y eso si que seria catastrófico para ellos y para el Estado.
Es cierto que en los últimos tiempos, el ministro Oscar Puente, ha intenta ponerse a la misma altura de los despropósitos de PP y Vox, en sus declaraciones, pero no es menos cierto que la tensión que se está viviendo en la política española, la polarización que subyace en todos los mensajes, tiene una relación directa con una oposición que no aceptó los resultados de las urnas.
Y lo más preocupante es que un político tan equilibrado como Borja Sémper, del PP, que abandonó la política por un tiempo, porque dejó de encontrarse cómodo en su partido, diga ahora cosas como que “cuando ellos gobiernen el insulto se va a desterrar y va a volver la buena educación», porque como la comunicadora de Onda Cero, Julia Otero, ha dicho en un impagable editorial en su programa—les aconsejo que lo recuperen— “Está dando por hecho que no es de los otros, sino de ellos de quienes depende la vuelta a la cortesía y los buenos modales».
Es decir, mientras que el PP no gobierne, a sufrir todos la mala educación, los malos rollos, las groserías.
Tanto colegio de “élite” para esto.
Publicado en La Opinión, de Murcia, el 30 de septiembre de 2026

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