Llegué a Murcia hace muchos años. Por exigencias del trabajo tuve que irme a otros lugares, pero me alejé pensando que si alguna vez podía elegir donde vivir, decidiría hacerlo en esa tierra. Y como el destino quiso que si, que fuese posible para mi escoger donde residir, regresé a Murcia. Y aquí me tienen después de tantos años  gozando de este territorio. De su gente, de su comida, de su mar, de sus paisajes. En definitiva, disfrutando de todo lo bueno que  tiene y preocupándome—lo normal es que lo haga así porque formo parte de esta sociedad que me ocupa y preocupa—por las cosas que no acabamos de comprender.

Y no podemos entender como continuamos ocupando los últimos lugares  en según que cosas, que deberían de inquietarnos y mucho. Como nos ha de preocupar –a los políticos que nos gobiernan debería de sonrojarles—el que el Índice DEC, que es una herramienta de evaluación que mide el desarrollo, los presupuestos y las estructuras del sistema público de Servicios Sociales en España y en sus comunidades autónomas,  vuelva a situar a la  Región de Murcia, última de España en servicios sociales.

            Y claro que estos datos han de tomárselos muy en serio nuestros gobernantes. Sencillamente, porque el Índice DEC es elaborado de forma periódica por la Asociación Estatal de Directoras y Gerentes de Servicios Sociales, analizando la situación del sector desde el año 2012, y porque este organismo evalúa la existencia de leyes autonómicas, catálogos de prestaciones y planes estratégicos que reconocen los derechos de los ciudadanos. Sin olvidarnos de que examina el esfuerzo presupuestario, el gasto dedicado a los servicios sociales y la inversión en relación con el Producto Interior Bruto, a  la vez que mide  el alcance real de las prestaciones: la ayuda a domicilio, la teleasistencia, la dependencia o las rentas mínimas de inserción. Principales conclusiones del ÍNDICE DEC 2025 que muestra una radiografía clara del estado del bienestar en el país y que deberían de tener muy en cuenta los regidores de esta tierra porque en este ultimo informe—supongo que para vergüenza de los responsables de que esto ocurra– la Región de Murcia, aparece en ultima posición del ranking nacional.

             Sí, el Gobierno autonómico, figura en el último lugar de España en la gestión y desarrollo de sus servicios sociales. Y hasta tal punto es preocupante el informe, que  califica el sistema de la comunidad como «irrelevante”, otorgándole una puntuación de 3,03 sobre 10, poniendo de relieve que la baja posición de la región se debe principalmente a deficiencias estructurales e inversión presupuestaria. Un paupérrimo gasto por habitante– Murcia destina 430,3 euros anuales por residentes a servicios sociales, lo que supone 141 euros menos que la media española–, una mínima cobertura en rentas de inserción–las rentas mínimas autonómicas solo alcanzan al 1,26% de la población bajo el umbral de la pobreza, frente al 6,2% de la media nacional—y un déficit en plazas de acogida y discapacidad ya que la comunidad cuenta con menos de la mitad de plazas que la media estatal en recursos de acogida para mujeres con orden de protección, así como una cobertura inferior en plazas residenciales y centros de día para personas con discapacidad.

Sí, ocupamos el último puesto, pero hemos de decir que, en los últimos tiempos,  la  Región ha mejorado en la dotación de profesionales de servicios sociales, la atención a la dependencia y los servicios de ayuda a domicilio y teleasistencia. Y “como al cesar lo que es del cesar”, hemos de decir que, en los últimos tiempos también, la Región destaca por encima de la media nacional en acogimientos familiares de menores y en plazas de alojamiento para personas sin hogar.

Pero todo iría mejor si se aumentara  la inversión pública.

Publicado en La Opinión, de Murcia, el 23 de septiembre de 2026

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