Hay “alianzas” políticas difíciles de entender. Aunque sean alianzas momentáneas, aunque se produzcan en votaciones puntuales. Pero lo cierto es que, muchas veces, los grupos parlamentarios dejan al personal con la boca abierta al coincidir, algunos de ellos, en sus puntos de vista. Seguramente, porque están tan lejos, unos de otros, que la coincidencia en algunos momentos no hace más que despertar la sorpresa de los votantes que, en la mayoría de los casos, no salen de su asombro ante la concordancia de tan diferentes formaciones en determinadas votaciones. Votaciones que producen tan extrañas alianzas, como la ocurrida el miércoles de la semana pasada en el Parlamento Español, cuando ERC, unía sus votos al PP, Vox y UPN, para tumbar una iniciativa del Gobierno que reduciría la tasa de alcoholemia de 0,5 a 0,2 gramos de alcohol por litro en sangre.
Que los populares y la ultraderecha unan sus votos a UPN, entra dentro de la normalidad, porque todos vienen del mismo tronco ideológico, pero que un partido como Ezquerra Republicana de Cataluña, no tenga pudor en votar junto a ellos, nos habla y mucho de la consistencia de las ideas, que se pone muchas veces de manifiesto a la hora de argumentar el sentido del voto. Explicaciones que, en muchos casos, no resisten el más mínimo análisis, porque son producto de la necesidad de justificar lo injustificable.
Sí, que los populares argumentaran que el procedimiento elegido por los socialistas no ha sido el adecuado, es una canción que se repite y no sorprende. Que los de Abascal tachen la medida de “desproporcionada y con un claro fin recaudatorio”, pues que quieren que les diga, pero que los de la izquierda catalana nos digan cosas como que no han votado a favor porque exigen un calendario concreto para acometer mejoras viales, poniendo como ejemplo el mal estado del asfalto de las carreteras catalanas y en el hecho de que muchos conductores profesionales, catalanes, tienen que trabajar hasta los 65 años, es de Aurora Boreal, porque es confundir “churras con merinas”, o tomar por tontos al personal, justificando su atrabiliario voto porque no tenían otra manera más presentable de hacerlo. Y debe de ser muy difícil explicar el voto en contra a una menor tasa de alcohol en la conducción cuando, según un estudio del Instituto Universitario de Investigación en Tráfico y Seguridad Vial, de la Universidad de Valencia, en el que se analizaron los datos de las personas fallecidas desde 1950– cuando comenzaron los registros oficiales– la disminución de la tasa de alcohol reduciría, de tres a cinco veces, el riesgo de sufrir un siniestro vial,
Datos que deberían de hacer reflexionar, a esos que votan entupidamente no, porque en los 75 años transcurridos desde que comenzaron los registros oficiales de medición de los accidentes de trafico y la influencia que en ellos tienen el consumo de alcohol, han perdido la vida por culpa del consumo de bebidas, vinculado a la conducción, unas 100.000 personas.
Asimismo, un estudio del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses, dependiente del Ministerio de Justicia, dio a conocer que, en España, el alcohol está presente en, aproximadamente, el 34% de los accidentes mortales de tráfico: en 2024, 452 conductores fallecidos dieron positivo en alcohol y drogas, siendo el alcohol la sustancia más detectada.
Con estos datos, los ciudadanos deberían de pedirles más responsabilidad a los que les representan, porque no puede ser que el enfrentamiento continuo entre ellos, haga perder la oportunidad de mejorar nuestras leyes, esas que harían de este país un lugar mejor.
¿Los enfrentamientos en la cámara pueden ser tan estúpidos como para que solo se piense en tumbar las iniciativas del Gobierno, sin tener en cuenta el interés de los ciudadanos?
Publicado en La Opinión, de Murcia, el 25 de marzo de 2026

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