Me declaro una defensora de lo público: sobre todo de la enseñanza y de la sanidad pública en lo que creo absolutamente. Una sanidad que hace tiempo venimos sintiéndola en peligro. Sensación que se acrecienta con las fotos que vimos en los medios de comunicación, el pasado lunes, que nos mostraban las manifestaciones de los médicos del sistema nacional de salud, que salían a las calles —el sábado ya se estrenaban en Madrid– en distintos lugares del país.
En Murcia lo hacían con una concentración que cortaba la Ronda Norte, en el primer día de huelga, encabezada por una pancarta del Sindicato Médico que rezaba: “Por nosotros, por nuestros pacientes, por el futuro de la Medicina”. Y el lema está bien, porque parece pensar en todos, lo que ocurre es que ese enunciado de “por nosotros”, quizás corresponda más a la verdadera intención de la convocatoria de huelga porque, en sus exigencias, entre otras cosas, destaca la creación de un Estatuto propio para la profesión médica; independiente del resto del personal del Servicio Nacional de Salud. Piden una clasificación profesional singular. Exigen una jornada laboral, máxima, de treinta y cinco horas semanales, en horario de mañana en días laborables–todo lo que exceda se considera exceso de jornada, que deberá ser voluntaria y retribuida–, un sistema de jubilación anticipada voluntaria, total o parcial, y prohibición de movilidad forzosa, además del rechazo a la prohibición de que los jefes y subjefes de área trabajen en la sanidad privada.
Sí, jefes y subjefes de área porque, entre tanto ruido de imposiciones y demás, no se tienen en cuenta datos muy importantes y es que la Normativa General (Ley 55/2003) establece que, por norma general, el personal sanitario puede compaginar sanidad pública y privada si renuncia al complemento específico. Es a los altos cargos, a los que el Ministerio de Sanidad intenta blindar para que tengan exclusividad forzosa. El objetivo es prevenir el conflicto de intereses: algo que es inevitable que se establezca.
Pero, por el momento—no entiendo que las autonomías puedan decidir por encima de los ministerios–, no es una prohibición total a nivel nacional aún, ya que depende de la normativa de cada comunidad autónoma, siendo Murcia un claro ejemplo de compatibilidad admitida en 2025 porque, la Asamblea Regional, aprobó una modificación, en febrero de ese año, que permite a sus jefes de servicio trabajar en la sanidad pública y privada, simultáneamente, contrarrestando la voluntad del Ministerio de Sanidad.
Al parecer, los sindicatos médicos han pedido disculpas por las “molestias”—ellos no lo entrecomillan– que estos paros puedan generar a los pacientes, apuntando eso de que “la defensa de una mejora en las condiciones laborales de los profesionales permitirá mejor calidad asistencial”.
Pues que quieren que les diga, yo creo que se han quedado cortos en eso de las “molestias”, porque si a un paciente que lleva meses esperando ser operado se le llama, para ser sometido a la intervención, ya está en la habitación del hospital—estoy hablando de la Arrixaca, en el paro que hicieron el catorce de junio del pasado año– desde la noche anterior para ser intervenido a primeras horas, se le hace esperar un tiempo para al final decirle que se marche a su casa, porque no pueden operarle al estar de huelga y se tarda diez días en llamarle de nuevo con la sonda puesta—llevaba siete meses con dicha sonda esperando la operación– es algo más que una molestia. Es una falta de consideración imperdonable, y no hay otra forma de verlo.
Al parecer, las “molestias” de los enfermos “solamente” durarán, algunos días de todos los meses, hasta el mes de junio. Pues que bien.
Todos los colectivos tiene derecho a huelga: esta chirría un poco.
Publicado el 18 de febrero de 2026

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