TVE programó el pasado viernes, en su prime time, un programa especial—no sabemos si con animo de continuidad–al que llamó, Directo a la gente. Un programa de matiz, absolutamente informativo, que alteró la programación normal de la cadena con el claro objetivo de aprovecharse del éxito de audiencia vivido los días anteriores; gracias a las cosas de Trump, pero lo cierto es que el programa arrojó datos muy alejados del éxito que los organizadores esperaban porque, al parecer, La1, promedió un ridículo 6,9% de share, consiguiendo apenas la atención de seiscientos mil espectadores.
Pero aquí, lo importante no es la audiencia del programa. Aquí, lo importante es que se saltaron a la torera todas las normas de funcionamiento de los informativos de RTVE porque, legalmente, los informativos no pueden ser externalizados, según la Ley de 2006, y el Mandato-Marco, que establecen que la producción de contenidos informativos debe ser al 100% interna, pero miren por donde, este programa, eminentemente informativo; tan eminentemente informativo que sobre todo trataba de las consecuencias de la invasión que EE.UU. hizo de Venezuela y la captura de Maduro y su mujer, fue conducido por Marta Flich y Gonzalo Miró; presentadores del programa Directo al Grano y Jesús Cintora; conductor de Malas Lenguas. Dos programas producidos por Big Bang Media y La Osa Producciones. Justo esta ultima, aparece como la responsable del programa que se ofreció—lo de apuntar que era en colaboración con RTVE es de traca—para escarnio de los profesionales de informativos de RTVE y para asombro de los que continúan creyendo en una radio y televisión publica hecha y dirigida por profesionales que crean en ella.
Todos los medios de comunicación tienen su línea editorial que obedece a múltiples factores e intereses. Y las productoras también tienen sus intereses, normalmente económicos, sencillamente porque son empresas que pretenden sacar el mayor partido a su trabajo. Algo lógico y normal. Lo que no es normal, es que un programa informativo, de un medio publico, lo realice una productora privada y lo presenten unos profesionales que, lógicamente, están a las ordenes de quienes les pagan– no entro en las cualidades profesionales de Marta, de Gonzalo o de Jesús, que gozan de todo mi respeto–. No, no es normal, que una productora haga un programa informativo en una televisión pública, violando todas las normas de funcionamiento de ese medio.
Una violación que se cometió en Directo a la gente; donde ni siquiera intentaron disimular que lo hacían, y que viene ocurriendo, claramente, en tres programas donde se observa una externalizacion encubierta de los informativos, con una cierta mezcla de información y entretenimiento, para disimular: hablamos de Mañaneros 360, con Adela González y Javier Ruiz; Malas Lenguas, con Jesús Cintora y Directo al grano, con Marta Flich y Gonzalo Miró.
Tres programas que dan la impresión que están elaborados por los mismos guionistas, aunque intenten convencernos de que son distintos productos. Ligeros matices en Malas Lenguas; con eso de la comprobación de las verdades o mentiras de las noticias. En Mañaneros 360; con lo de aumentar la información de economía y en Directo al grano; con lo de, al final del programa, incluir el espacio de Paco Lobatón para recordarnos gentes desaparecidas o Isabel Gemio, para hablarnos de enfermedades raras: en la pagina Web de RTVE ya les cuesta hacer una sinopsis de los tres programas, aunque intenten aportar algún cariz nuevo en cada explicación de los contenidos de los mismos.
¿El director General de RTVE, no tiene tiempo para ver la programación de la BBC, por ejemplo? Al parecer, está tan obsesionado con las audiencias que se le ha olvidado hacer una televisión pública. Y se nota.
Publicado en La Opinión, de Murcia, el 14 de enero de 2026

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