Durante años formaron un partido casi residual. Durante años Vox se presentó como un partido que no preocupaba a nadie y que tenía unos votantes muy definidos. Pero ha pasado el tiempo, el mundo está cambiando a pasos agigantados y la influencia de Vox también.

Vox ha dejó de ser ese partido minoritario para convertirse,  en un dolor de cabeza para el PP (los bandazos de Núñez Feijóo diciendo ayer una cosa, y hoy otra, sobre ellos así lo atestiguan) y en una preocupación para una gran parte de los ciudadanos, que leen y oyen las ideas de Vox con una cierta inquietud porque,  muchas de esas ideas, vienen a poner en cuestión; a romper, en definitiva, la idea de igualdad que esta sociedad ha venido logrando, con sus sucesivos Gobiernos, desde que disfrutamos de una democracia que debería de enorgullecernos a todos.  

Y claro que cada partido político tiene derecho a imponer su ideario cuando se le presenta la ocasión. Claro que esos principios no tienen el porqué coincidir con los de los demás, pero hay temas que sí deberían de unirnos a todos, por ejemplo: el amor al próximo. Sobre todo, cuando muchos de los que los que forman parte de ese colectivo  dicen defender los valores del cristianismo. Unos valores fundamentales que hablan de la Dignidad de la persona humana, el bien común, la Solidaridad, entre otras cosas.  

Pero no parece que Vox busque el bien común, la solidaridad entre los humanos, la dignidad de los mismos, cuando, por ejemplo, divide a la sociedad entre naturales del lugar  y migrantes, algo que ahora se agudiza ante el protagonismo que están teniendo en distintos gobiernos autonómicos del PP; en Murcia también. 

Sí, en el mes de julio la Consejería de Política Social, Familias e Igualdad de Murcia tenia proyectada  la compra de diversas propiedades inmobiliarias utilizando los recursos del Plan Nacional de Transformación, Recuperación y Resiliencia.

El propósito era crear  centros públicos de acogida para menores, con especial atención a niños y  migrantes que estén sin acompañantes y presenten necesidades especiales, pero miren por donde, ese fue el momento de necesitar la ayuda de Vox y el proyecto se quedo paralizado. Pero  hace unos días, y casi de prisa y corriendo porque el fin de año ya está aquí, la Consejería de Economía, Hacienda, Fondos Europeos y Transformación Digital, desempolvaba el proyecto y se publicaba  en el Boletín Oficial del Estado.

Un proyecto que forma parte del Plan de Choque para la Economía de los Cuidados y Refuerzo de las Políticas de Inclusión, que tiene como objetivo innovar en los servicios sociales para atender las demandas urgentes de los residentes en España.

De todos los residentes, incluidos los migrantes que llegan para buscar un mundo mejor y muchas veces se encuentran con la falta de empatía, el odio de aquellos que deberían de dar ejemplo a la sociedad. Un ejemplo alejado del ofrecido por el presidente de Vox en la Región de Murcia, José Ángel Antelo, que anunciaba días pasados que pedirá al Gobierno autonómico “que aclare para qué menores ha comprado viviendas”.

Sí, las  amenazas de Vox al  Gobierno Regional—amenazas que en el mes de julio dieron resultado–, se repiten, ahora  también, en la voz de Antelo, que parece recordar que tiene la “sartén por el mango” al hablar de los  compromisos adquiridos hace tiempo diciendo cosas como: “Queremos saber exactamente qué menores son, porque si evidentemente el Gobierno regional ha comprado vivienda para la inmigración ilegal, estaría incumpliendo un acuerdo presupuestario y uno de los compromisos fundamentales alcanzados con Vox”.

Antelo recuerda al PP los compromisos adquiridos pero, al parecer, y pese a que es Navidad, él no tiene ningún compromiso con esa educación cristiana de la que presume.

Publicado en La Opinión, de Murcia, el 31 de diciembre de 2025

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