Ayer se celebraba la festividad de los Reyes Magos. Una festividad que, aunque parezca que solo se conmemora en España, lo cierto es que se festeja también en países de Latinoamérica, como México, Colombia, Venezuela y Argentina, entre otros. Pero no solo se celebra en esos países de clara influencia española, es una tradición que también se repite en naciones europeas como Italia, Francia, Austria, Alemania, Polonia, Portugal, aunque la celebración se hace de manera distinta, porque cada cultura conserva sus propias costumbres.  

Y aquí, de manera especial, aunque en los últimos tiempos la presencia de Papá Noel le haya quitado protagonismo, para alegría de algunos que no llevan muy bien eso de los reyes porque confunden las “churras con las merinas” y en un maniqueísmo atroz niegan que las monarquías parlamentarias  sean democráticas porque, según nos dicen, la monarquía no es igualdad. Así de simplones pueden sonar determinados discursos, como el del humorista Quique Peinado, que ha dicho algo así como: «Yo soy republicano por la sencilla razón de que yo creo que España debe ser un país de ciudadanos libres iguales, desde el momento que hay monarquía no hay igualdad».

            Pues que bien, él, al parecer, no es libre, pero desde esa extraña “no libertad”,  puede decir tontadas como eso de que “España debe de ser un país de ciudadanos libres e iguales”, poniendo en duda que lo sea. Pues eso debería demandarlo en republicas como Cuba, Venezuela, Nicaragua, por ejemplo, que con ese nombre que según Peinado emana libertad, no resisten el más mínimo análisis democrático.

            Respeto que el señor Peinado se sienta republicano y lo defienda, pero que a estas alturas se continúe hablando de republica como la muestra más absoluta de libertad, y de monarquía como todo lo contrario, me parece de una simpleza absoluta.

            Miren por donde, la renta per cápita en Europa la encabezan dos manarquias;  Luxemburgo y Noruega. A continuación figura Suiza, prosiguiendo con otras dos monarquías; Países Bajos y Dinamarca, para continuar con Alemania, y con Reino Unido y Suecia. Y las monarquías europeas no solo se encuentran entre los países más desarrollados económicamente, es que están también entre los que muestran una mayor libertad y un mayor respeto por los derechos humanos.

             Pero no tenemos que irnos tan lejos, aquí, a la vuelta de la esquina, tenemos a Rusia. Un país que, de  acuerdo a su  Constitución aprobada en 1993, es un “Estado democrático federativo con forma republicana de gobierno” o, lo que es igual, se fundamenta en la soberanía popular y en la periodicidad de los cargos, pero en abril del 2021, Vladimir Putin, firmaba una ley que le permite perpetuarse en el poder. Algo que está haciendo—lleva ya 25 años– en esa república que, al parecer, es, para muchos, la perfección de los sistemas en los que se garantizan la libertad y la igualdad entre los ciudadanos.  

Sí, Rusia es una república. Una república en la que se eliminan a aquellos y aquellas que osan denunciar los atropellos y desmanes del sátrapa Putin: desde el asesinato de la periodista Anna Politkovskaia en 2006 hasta la sospechosa caída del avión donde viajaba el líder del grupo Wagner, Yevgueni Prigozhin, hace dos años, hay una lista interminable de ciudadanos que desaparecieron de la faz de la tierra por el único motivo de incomodar al gobierno ruso o, lo que es igual, al todopoderoso Putin.

¿Pues saben que les digo? prefiero que mi país esté en la lista de monarquías parlamentarias como Reino Unido, Bélgica, Países Bajos, Dinamarca, Noruega, Suecia y Luxemburgo, donde el rey reina pero no gobierna, pero actúa como símbolo de unidad.

Y, por supuesto, respetando la ley y la voluntad popular, haciendo que los ciudadanos nos sintamos libres: aunque algunos se empeñen en lo contrario.

Publicado en La Opinión, de Murcia, el 7 de enero de 2027

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