Es Navidad. Navidad en plazas y calles, en los árboles iluminados, en algunas  fachadas de casas, en los balcones donde unas lucecitas de colores iluminan la escena de manera intermitente. Es Navidad y es también el tiempo de los belenes. Una tradición que se remonta a siglos atrás. 

Sí, la tradición belenística en España,  comienza a formar parte de la celebración navideña, gracias a la orden franciscana, que lo introduce en el siglo XV hasta llegar al siglo XVII en que se hace presente en los hogares españoles, con especial acogida entre la nobleza. Pero no es hasta el siglo XVIII, cuando Carlos III, al introducir en España  la moda napolitana de figuras elaboradas, logra expandir la costumbre del belén a todas las clases sociales,  convirtiéndose en tradición masiva en el siglo XIX.

Y fue también  en el siglo XVIII, cuando el arte belenístico toma carta de naturaleza en Murcia, porque esa moda napolitana introducida por Carlos III, encuentra aquí un campo de cultivo especial en las manos del gran escultor Francisco Salzillo, que había bebido de la influencia de su padre, Nicolás Salzillo,  un escultor italiano que unos años antes se había afincado en Murcia.

Pero de aquellos primeros belenes; inspirados en las figuras napolitanas, los escultores murcianos fueron marcando un estilo propio que, sin perder aquella belleza primigenia, terminaron adaptando al realismo de esta tierra, apareciendo representados los pastores y gentes del pueblo con ropas adecuadas a su humilde condición, lejos del estilo multicolor y un tanto pomposo,  que ofrecen las figuras napolitanas.

Han pasado los años, pero Murcia continua convirtiendo la Navidad en un Belén. Entre los más importantes, el Belén de la peña La Pava, que acude puntual a su cita con los ciudadanos en un marco tan singular como el del Conjunto Monumental de San Juan de Dios. Y desde allí, muestra el trabajo de todo un año, de un colectivo que tiene su razón de ser en la preservación de una tradición que enriquece el legado artístico de Murcia. Legado que, a lo largo de los años, ha ido brotando de las manos de escultores como José Hernández Navarro, los hermanos Martínez Cava, Pedro Chico Eroles, Carlos Cuenca, Nicolás Martínez Ramón, Arturo Serra, Cánovas, Pablo Espinosa y Francisco J. Bermejo, que hacen que sus figuras complementen el relato central del belén de este año.

Un belén que, en esta ocasión, gira en torno al impresionante puntal rocoso coronado por el Castillo de Monteagudo, con la pedanía del mismo nombre a sus pies, desde el que se contempla la huerta de Murcia, acogiendo los restos arqueológicos de la Murcia islámica conocidos como Castillejo y Monteagudo.

Un recorrido, que se inicia entre un frondoso huerto de limoneros y una centenaria palmera que arropan la escena de la Anunciación de María. Escena que pone de manifiesto que, en el relato que los artífices de este belén nos hacen del extraordinario acontecimiento de la venida de Jesús al mundo, caben las cosas de esta tierra que dan vida al recorrido: la alberca, la alfarería, la carbonería y escenas costumbristas pegadas a la piel de los murcianos, como esa casa que aparece en la Visitación de María a su prima Isabel, que transcurre en el pueblo de Monteagudo, y en el que se recrea el juego de la cucaña, la costumbre de la plática huertana en la escena de la Posada y la aparición de una noria en el Anuncio de los pastores, hasta llegar al misterio del Nacimiento que se representa entre ruinas de la antigüedad clásica, pero con un especial protagonismo para lo popular, que está presente en las vestimentas de las figuras, en la aparición de una cuadrilla de auroros, en la reproducción del baile y la música folclórica, propios de la tradición murciana.

Tradición murciana: la razón de ser de la peña La Pava.

Publicado en La Opinión, de Murcia, el 17 de diciembre de 2025

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