Pedro César Carrillo Martínez, es el Párroco de la iglesia de San Pedro Apóstol, en San Pedro del Pinatar. Y este personaje, “varado en el tiempo”, «atrapado en el tiempo», «estancado en el tiempo», «encallado en el tiempo», «paralizado en el tiempo» o «con la percepción del tiempo alterada»—pueden elegir la expresión que quieran, porque acertarán–ha sido el encargado, este año, de hacer el Pregón Mariano 2025, dedicado a la Virgen de la Salud, que se celebra todos los años en Alcantarilla.
Suponemos que fue elegido para tan alta misión por su relación con Alcantarilla, pero pensamos, también, que los miembros de esa hermandad conocen perfectamente la forma de ver la vida del personaje, que nada tiene que ver con el siglo XXI y si mucho con tiempos donde la mujer era un ser al servicio del hombre. Un ser sin opinión propia, y con la sola misión de obedecer al marido, en primer lugar, y de traer hijos al mundo: y por este orden.
Si lo que pretendía este sacerdote era que su pregón hiciera ruido, lo ha conseguido. Lo ha conseguido, y no para bien de la imagen de la iglesia, a la que pertenece, a la que debería de representar “pelín” más actualizada y menos ofensiva para la mujer. Que a estas alturas alguien pueda manifestar que “somos un pueblo enfermo… de llamémosle enfermedades espirituales o morales… ligadas a la mayor presencia de la mujer en los ambientes laboral y sociopolítico”, es realmente inquietante. Es decir, la mujer es la influencia pecadora en el ámbito social, porque trabaja fuera de su casa—sin el trabajo de ellas la mayoría de los hogares no podrían salir adelante–, y porque tiene presencia en la sociedad y en la política.
Nos viene a decir, que la mujer no tiene derecho ninguno a formar parte de esa sociedad, a la misma altura del hombre. Como si fuese un ser inferior. Tan inferior, que también nos apunta que todos los males que nos acechan es por “el desprestigio presente de la maternidad, el perjuicio de la esponsalidad, el pensamiento de una autosuficiencia y no necesidad respecto del varón, la pérdida de la esencia de la feminidad, etcétera”. Asimismo: “autosuficiencia y no necesidad respecto del varón”.
Cuando el machismo—ejercido por esos hombres que piensan, como este cura, que la mujer es inferior al hombre–, continua siendo algo muy preocupante por el numero de muertes por violencia de género, que se suceden en España, cuando lo que se necesitan son voces que defiendan los derechos de los seres humanos—la mujer lo es también–, resulta terrible que un sacerdote nos venga con discursos que nunca debieron tener lugar en el seno de la Iglesia Católica y menos en el siglo XXI.
Oyendo a este hombre, es inevitable pensar en lo lejos que se encuentra de los postulados del recientemente fallecido papa Francisco, que cuando fue elegido sucesor de Benedicto XVI, llenó la Iglesia Católica de esperanza–la imagen de esta se encontraba dañada tras una sucesión de escándalos de corrupción, abusos y conflictos internos–, marcando un pontificado esperanzador, que no ha decepcionado, porque, como se ha dicho, su mirada imprimió a la Iglesia «una forma totalmente diferente de reflexión y pensamiento», según afirmó en un programa de la BBC, Gerard O’Connell que, en ese mismo programa, aseguró que «trajo esa riqueza, como una forma diferente de abordar las cuestiones tanto en la esfera moral como en toda la Iglesia”.
Sí, los valores del Papa Francisco se asentaron en los pilares de la opción por los pobres, por los mas débiles—y la mujer lo es mucho en según que sociedades–, por la visibilización de los migrantes, refugiados y víctimas de la trata de personas…en definitiva, el discurso del papa Francisco estaba muy alejado de la visión que de la vida tiene este sacerdote que se quedó anclado en el tiempo.

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