Mi vida profesional—antes de esta jubilosa jubilación que tengo, gracias a La Opinión y la Ser, que me permiten continuar disfrutando de lo que ha sido y es mi vida—la pasé en RTVE, donde nos transmitían el respeto por lo publico que, en nombre de la audiencia, parece estar a punto de desaparecer.

En el fondo, todos los que hacíamos RTVE admirábamos la BBC. Su máxima era, y continúa siendo “Exactitud y precisión”. “Estos son dos valores fundamentales de la BBC. Nos esforzamos por ser imparciales y no tener prejuicios. Nunca favorecemos un punto de vista particular en asuntos controvertidos de políticas de gobierno, políticos o económicos-laborales. Evitamos la especulación y anteponemos estos principios a la rapidez”.

Y nosotros, los que trabajábamos ahí, tuvimos la sensación de que esto se podría hacer realidad, durante el mandato de, Rafael Anson Oliart, que fue nombrado director General de RTVE, en tiempos de UCD, en 1976. Durante esa etapa, el medio se abrió a los nuevos tiempos democráticos marcados por los acontecimientos de la Transición, y propició una absoluta remodelación de los Telediarios. Los profesionales de informativos, hasta entonces, jamás nos habíamos sentido tan libres.

Y a esa esperanzadora época de UCD se unió, años más tarde, el Gobierno de Rodríguez Zapatero, que hizo posible la Ley 17/2006, de 5 de junio, de la radio y la televisión de titularidad estatal, que intentaba acercarse a ese concepto de libertad de la admirada BBC. Pero lo más importante de aquello, fue el nombramiento de dos profesionales sin ataduras con otros intereses que no fueran los de hacer una televisión pública a la que admirar: el director general, Luis Fernández y el Jefe de informativos Fran Llorente

Entre otras cosas, de “Neutralidad y objetividad de los contenidos informativos”, hablaba aquella Ley que venia a dotar de dignidad una RTVE a la que todo el mundo ha intentado manipular.

Sí, de “Neutralidad y objetividad de los contenidos informativos” trataba la Ley de Zapatero, hasta que ganó las elecciones, Mariano Rajoy, y decidió que la BBC quedaba muy lejos y que este país tiene otras características. El caso es que se cargó—ipso facto—aquella ensoñación.

Fui 17 años directora de centros territoriales—RNE y TVE–y siempre procuré poner en marcha programas que respondieran a lo que yo había aprendido en esa casa, a la que continuaré amando. Y no, no nos educaron en eso de la audiencia a cualquier precio. Nos educaron en la exigencia de calidad, en el respeto a los espectadores y oyentes, en hacer unos informativos respetuosos con la verdad y la pluralidad—muchos intentaban que esto no ocurriera–, y siendo difícil se conseguía, se lograba fomentar el interés público, el respeto a la sociedad a la que tenemos que servir.

Ahora, los espectadores de TVE no saben a que atenerse con los continuos cambios de horario de algunos programas, a la vez que llevan un tiempo desconcertados con una promoción del proyecto, ‘La familia de la tele’, con nombres del “corazón” tan ilustres, entre otros, como los de Belén Esteban. Un anuncio tan “jacarandoso y asaz divertido” como triste para los que creemos en una televisión pública alejada de esta chabacanería que se nos anuncia a bombo y platillo.

No pongo en duda los conocimientos de Pablo López, sobre televisión—aunque, hasta ahora, no se haya quebrado mucho la cabeza para demostrar su sapiencia–, pero su trayectoria profesional si me hace dudar de su idoneidad para ser el Presidente de RTVE: en un medio público la audiencia—a cualquier precio– no debería de ser lo más importante. Lo más importante, ha de ser estar a la altura de la sociedad a la que se sirve, y tratarla con respeto: la fórmula de Tele 5 en el pasado, me parece un recurso facilón, y desde luego, nada respetuoso.

Publicado en La Opinión, Murcia, el 23 de abril de 2025

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