Es tiempo de Navidad, y a cualquiera que venga de otros lugares de España en estas fechas, lo primero que le llama la atención es la manera que los murcianos y murcianas tienen de entender estas fiestas, y sobre todo, de la maravillosa forma que poseen de concebir el arte belenístico, que cuando llegan estas fechas, se hace presente en cualquier rincón de esta tierra, para disfrute de los que aman las tradiciones. Unas tradiciones que parecieron resurgir con gran fuerza con la llegada de la democracia, porque fue tras las primeras elecciones generales democráticas–jueves 1 de marzo de 1979–, cuando comenzaron a formarse las primeras peñas huertanas. Y a esas primeras peñas siguieron otras, hasta provocar la necesidad de organizarse en la Federación de Peñas Huertanas que aprobaba sus estatutos en el año 1982, empujada por la fuerza de esos grupos que fueron naciendo con el entusiasmo que solo los acontecimientos extraordinarios procuran.
Y el entusiasmo que la democracia despertó en nuestras vidas, provocó que esas peñas que surgieron en esta sociedad, con el objetivo de rescatar unas tradiciones que parecían haberse quedado adormecidas, se pusieran en marcha para conseguir los objetivos soñados durante largo tiempo. Porque esos grupos, nacieron con el propósito fundamental de la conservación de las formas de vida, tradiciones y costumbres murcianas y la investigación y enseñanza del folklore de esta tierra. Fue, un maravilloso proyecto para hacer resurgir los bailes y canciones típicas huertanas y transmitírselo a las generaciones venideras.
Pero esas agrupaciones, no podían olvidarse de la tradición belenística murciana que se remonta al siglo XVII. Y es cierto que este acervo tiene un origen que procede de Nápoles, pero no es menos cierto que el tiempo lo ha ido adaptando al gusto y tradición de Murcia, con personajes específicos. Algo que supo ver, desde el primer momento, la Peña La Pava, que ha hecho del arte belenístico su razón de ser.
Sí, la Peña La Pava, se ha caracterizado siempre por la belleza de sus belenes, y por el relato que, año tras año, ha venido ofreciendo a sus miles de visitantes. Porque sus autores, no se limitan a “montar el belén”, los que lo hacen posible—Fernando, Pablo, Salva y tantos otros–, se pasan doce meses pensando en los acontecimientos que forman parte de nuestras vidas para darles forma en su creación final. Y este año, una vez más, el Belén de La Pava, se hace eco de un acontecimiento importante de la ciudad para plasmarlo en ese nacimiento que se renueva todos los años.
En esta ocasión, su estructura, su paisaje, sus personajes; esas construcciones que parecen cobrar vida todas las Navidades, han querido unirse a la celebración de los 1200 años de la Fundación de Murcia—celebración que el Ayuntamiento llevará a cabo a lo largo del 2025–, idealizando ese año, en ese belén, lo que pudo ser la Murcia amurallada. Y un año más, desde hace cuarenta y cinco, es la antigua capilla del Hospital de San Juan de Dios—hoy Conjunto Monumental–, quien acoge una instalación que refleja los yacimientos arqueológicos, perfectamente señalizados por todo el centro urbano, las murallas y torreones, junto a las siete puertas que daban entrada a la ciudad fundada por Abderramán II, a orillas del Río Segura, tras la conquista de este territorio por el general Muawiyya.
Y es así como la torre Caramajul emerge, entre tejados y menhires, para dar testimonio del poder musulmán.
Este Belén de La Pava, es la Murcia, o Mursiya, de los Abderramán, del Rey Sabio, de los Reyes Católicos. La Murcia de “las siete coronas y un corazón”, como escribiera el gran poeta Jara Carrillo.
Este Belén de La Pava, se ha convertido en el Pregón de un acontecimiento tan importante como los 1200 años de Murcia.
Publicado en La Opinión, de Murcia, el 18 de diciembre de 2024

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