EL INGENIO ESTÚPIDO DE CAMPS

CAMPSQuien esto escribe se ha tomado unas cortas vacaciones así es que, durante tres sábados, no apareció este articulo. Y aunque un comentario de periodicidad semanal tiene el inconveniente de que, a veces, los temas parecen quedar lejos, no resisto la tentación de reintegrarme a esta sección hablando de la “boutade” del señor Camps, el candidato del PP a la presidencia de Valencia, al que asignaremos no la definición francesa del término, la que habla de broma u ocurrencia , y si esa otra que lo precisa como intervención pretendidamente ingeniosa, destinada por lo común a impresionar, según define el diccionario de la Real Academia Española (DRAE).

La intervención del señor Camps en un mitin de su partido días pasados diciendo que: “A mí mis abuelos me transmitieron ternura, a Zapatero, su abuelo no le transmitió esa ternura y cariño” no tiene nada de lo primero y si algo de lo segundo pero, sobre todo, tiene mucho de falta de sensibilidad, de ausencia de decoro, de desconocimiento del buen gusto, de sobra de malicia, de carencia del más mínimo respeto por los demás porque, por si alguno o alguna de ustedes no lo sabe, el abuelo del Presidente era el capitán Juan Rodríguez Lozano y fue ejecutado en 1936 por los sublevados en la Guerra Civil. Es decir, fue asesinado por mantenerse fiel a la República, a la legalidad democrática. Evidentemente, no pudo darle ni cariño ni ternura a Rodríguez Zapatero: como muchos otros abuelos, de uno y otro bando, a los que la Guerra Civil impidió abrazar a sus nietos.

Rodríguez Zapatero no ha contestado al personaje, ha preferido el silencio, y lo entiendo. Entre otras cosas, porque es muy difícil rivalizar con tanta iniquidad, con tan zafio comportamiento.

Yo, como el presidente del Gobierno, tampoco pude relacionarme con mis abuelos–por fortuna ninguno fue asesinado en la Guerra Civil—, pero he vivido con la sensación de que les conocí. Seguramente porque tuve la suerte de tener unos padres para los que cualquier reunión familiar servía de pretexto para hablarnos de los suyos haciendo con ello posible que tuviésemos siempre la sensación de su proximidad en el recuerdo. Y sí, de ellos nos transmitieron muchos valores, entre otros, los de ser respetuosos con la gente, los de honrar a los muertos, los de no levantar falsos testimonios. Pero sobre todo, nos enseñaron que el mejor patrimonio del ser humano es la honestidad, la honradez; esa que impide ser fácilmente corruptible: Para aprender esas cosas, solo son necesarios los ejemplos de los padres.

Publicado en La Opinión, de Murcia, el 14-5-2011
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