SE FUE UN SEÑOR

CARLOS VALCARCEL MAVOR Escribir sobre alguien desaparecido: enormemente conocido, querido y respetado, días después del suceso es, cuando menos, arriesgado. Como no podía ser de otra manera, han sido muchos los artículos publicados en su memoria, así es que puede parecer un poco tarde hablar hoy de Don Carlos Valcárcel Mavor. Periodista por encima de todas las cosas y relator del hecho murciano como ninguno.

Así es que, como ya han leído extraordinarios artículos sobre el hecho, como seguramente conocen todo de el, yo solamente deseo recordar cuando le conocí de la mano de otro murciano desaparecido, Antonio Segado del Olmo, escritor, buena persona, enamorado de su tierra y profundo admirador de a quien llamaba su maestro, Don Carlos Valcárcel Mavor.

Era el año 1983, ya acababa de llegar a Murcia para dirigir RNE y Antonio, redactor de la emisora, con esa generosidad que solamente pueden experimentar los hombres realmente buenos se propuso que yo hiciese una rápida inmersión en la Murcia que el quería. Y casi todos los días, al atardecer, recorríamos las calles de la ciudad y el me relataba los misterios de cada rincón, de cada casa, con ese hablar suyo, siempre entusiasta, con ese andar apresurado, con esa sensación continua de querer hacerlo todo rápido, como si el tiempo se agotase pronto, como si fuese consciente de que la vida no le iba a regalar el que el hubiese necesitado para escribir todo lo que llevaba dentro.

 

Y sí, fue en uno de esos paseos cuando me llevó a la calle de Las Mulas porque, me dijo, que si alguien de fuera quería “entrar” en Murcia tenía que ser aceptado en Pepico del Tío Ginés. Y fui allí y conocí un grupo de gente maravillosa, entre los que se encontraba el maestro de periodistas Carlos Valcárcel Mavor. Y me impresionó su porte, su mirada entre pícara e inteligente, su talento como conversador. Esa capacidad de encantamiento que solo los elegidos poseen. Y me sentí una privilegiada al poder compartir un vino con el, al poder escucharle y percibir que me estaba haciendo el honor de aceptarme como alguien a quien había que ayudar a descubrir las bondades de esta tierra.

Y después, cuando mi trabajo me llevó a TVE y comencé una serie de entrevistas en las que pretendía descubrir “la otra cara” de los personajes que por el espacio pasaron, le pedí que quería contar con el, que toda esa capacidad de seducción que tenia en persona quería que la mostrase en pantalla. Y nos dejó entrar en su casa y nos contó todo aquello que le habíamos oído en ocasiones. Fue ese día cuando pensé que si alguna vez podía escoger donde vivir elegiría Murcia, entre otras razones, por gente como el.

Publicado en La Opinión, de Murcia, el 29-5-2010
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