GARZÓN Y LA JUSTICIA

Miércoles, 25 enero, 2012

 

El Señor Hernando, diputado del PP dice que “Garzón no puede estar por encima de la Ley”. Los partidos políticos tampoco.

Baltasar GarzónEscuchaba unas declaraciones de Iñigo Urkullu, el Presidente del PNV. A una pregunta sobre el juicio al juez Garzón, Urkullu mostraba su poca simpatía por el controvertido juez, aunque ponía paños calientes a eso de ser juzgado, o no; que me perdí oyéndole. Lo que si dejó claro es que los abertzales—nacionalistas vascos más o menos radicales—no guardan especial afecto por Garzón.

Oyéndole, no pude evitar pensar en lo extraña que puede ser la acción de la justicia a la que, debo de reconocer, hace tiempo que dejé de intentar comprender porque, lo que son las cosas, el juez que se sienta en el banquillo, ante sus colegas de la Sala Segunda, es denunciado, entre otros, por Manos Limpias, una organización ultraderechista que acusa a Garzón de prevaricar, de cometer la falta más grave en la que pueda incurrir un juez, castigado hasta con 20 años de inhabilitación. Mientras, no les quepa la más mínima duda, en las herriko tabernas–donde se reúnen los simpatizantes de la izquierda abertzale—se lleva unos días brindando por la posible inhabilitación de quien fue siempre su declarado enemigo, el magistrado Garzón. Ese juez que se convirtió en el primero que interrogó en Francia a etarras, que detuvo a centenares de ellos, que demostró que ETA no eran solo sus comandos—confiemos en que ahora sea así—, y que suspendió las actividades de su entramado político.

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LA JUSTICIA, NO SIEMPRE ES JUSTA

Lunes, 18 abril, 2011

Baltasar GarzónEscribir sobre el juez Garzón es exponerse a las iras de unos o al aplauso de otros, dependiendo del contenido del artículo. Y es que, en mucho tiempo, no ha existido en este país una figura tan controvertida como la de este juez capaz de despertar la admiración unánime de todos por su persecución a ETA y poco después el odio más visceral de esos que le aplaudían, al producirse su paso fugaz por la política. Cuando salió de ella, unos y otros, por diferentes motivos, coincidieron en vilipendiarlo.

Hace unos días hablaba con una juez del TSJ de Murcia. Sus opiniones siempre me interesan porque es una profesional de gran lucidez capaz de hacerte un análisis jurídico que te permite aclarar todas las dudas que puedas tener en relación con esos asuntos. Ella no es “garzonista”—yo tampoco– y aunque no está de acuerdo con la decisión del Tribunal Supremo de encausarle, menos aún coincide con la manera de instruir los casos de Garzón. Me hizo reflexionar sobre lo que me apuntaba, pero no dejo de pensar que, con todos sus defectos, Garzón es una persona honesta, que no se ha casado con nadie—seguramente ese es el motivo de la inquina de unos y otros—y que, equivocándose o no, ha intentado ser justo, que es lo que hay que exigir a un juez.

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NADIE POR ENCIMA DE LA LEY

Lunes, 22 marzo, 2010

Baltasar Garzón Los españoles tendemos a experimentar un fuerte sentido corporativo: los periodistas defendemos con uñas y dientes a colegas verdaderamente indefendibles en nombre de una mal entendida libertad de expresión. Los médicos es difícil que accedan a certificar un error de los colegas porque, ya saben, “todos somos humanos”. Y no esperen que los políticos denuncien a los corruptos que forman en sus filas porque, “hay que creer en la presunción de inocencia”. Y si hablamos de los empresarios, estos son incapaces de reconocer que el señor Díaz Ferrán es el personaje menos indicado para estar al frente de su organización. En definitiva, todos los colectivos tienen un acusado sentido corporativo del que no se escapan, por supuesto, los abogados. Un sentido corporativo que se acentúa extraordinariamente en los últimos tiempos con el llamado “caso Gurtel”. Ya saben, ese escándalo de corrupción política que salpica de manera especial al PP de Valencia y Madrid y que se intenta tapar, como se hizo con el caso Naseiro, por lo que algunos llaman defecto de forma al haber ordenado el juez Garzón la grabación de conversaciones entre los procesados por este escándalo y sus abogados.

La Ley de Enjuiciamiento Criminal señala que se podrán intervenir las comunicaciones entre cliente y abogado “si media una orden judicial y el abogado puede ser cómplice de un delito”. Que medió una orden judicial para que se grabasen las conversaciones es obvio y desconocemos si los abogados de los acusados son cómplices de un delito, pero si un juez alberga la más mínima duda de que esto puede ocurrir tiene la obligación de actuar como lo hizo Garzón por mucho que, en nombre de un mal entendido corporativismo, los abogados pongan el grito en el cielo y denuncien no se cuantos atropellos por parte del magistrado.

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