MACARENA OLONA RETUERCE LAS NORMAS

miércoles, 25 mayo, 2022

Me niego a pensar que la política obligue a los que se dedican a ella a hacer el ridículo cuando se acercan una elecciones y cuando, como en el caso de Macarena Olona la candidata a la Junta de Andalucia por Vox, quieren convencernos de que nacieron en el lugar equivocado (ella es de Alicante), porque el lugar en el que siempre soñaron hacerlo es, justamente, en la circunscripción en la que se presentan a las elecciones, en su caso Granada, que la señora Macarena Olona se empeña, ridículamente, en llamar Graná, poniendo especial énfasis en acentuar la a final

A mi, como granadina, me repatea un poquito que alguien se empeñe en llamar a mi tierra Graná, como si esa fuese la forma que los granadinos tenemos de llamarla, pero no, no es así. Y esa lucha que ella tiene ahora por acercarse a las esencias andaluzas, nos hace poner en cuestión la seriedad que siempre le atribuimos a los y las Abogadas del Estado, porque la señora Olona lo es, y como estos funcionarios siempre nos parecieron una cosa muy seria, hemos de pensar que las campañas electorales son capaces de cambiar incluso la personalidad de quienes participan en ellas. AndaluciaPero es que en el caso de la señora en cuestión, esta alteración de la personalidad se hace tan patente que no duda en ponerse en evidencia con tontunas del tipo de aparecer ante la prensa con un mantón de manila colgando de su hombro, sin venir a cuento (ni estaba en una feria, ni en un acto folklórico), como si en Andalucia, la tierra a la que ella se esfuerza en estereotipar, las mujeres fuesen siempre luciendo esa pieza, venga o no a cuento.

Y que la campaña electoral altere su personalidad en los temas lingüísticos, folklóricos (lo de aparecer en un video, claramente de campaña, bebiendo un botellín de Cruz Campo, la cerveza más consumida en Andalucia, es de premio) puede no parecer preocupante, pero cuando se es capaz de saltarse a la torera la legalidad vigente en Andalucia de las condiciones en las que los ciudadanos pueden empadronarse allí, ya estamos hablando de otras cosas, sobre todo cuando se es jurista, cuando se conocen las leyes, así es que no podemos dudar de que ella sabe perfectamente que si bien para ser diputado o diputada al Congreso no se exige ser vecino de la circunscripción por la que se presentan, en el caso de elecciones al Parlamento andaluz, sí. Y esa misma Ley, en su art. 2 nos dice que electores son los que (…)”tengan la condición política de andaluces, conforme al art. 5 del Estatuto de Autonomía“.

Que el propio empresario que dejo que se empadronara en una de sus casas, en Salobreña, Manuel Martín, fuese el expresidente de Vox en Granada, nos puede dar una pista de por donde van las cosas y que esta misma persona admitiese a la Ser que Olona se había empadronado en una de sus viviendas, pero que lo había hecho sin vivir “regularmente” en ella ni tener un contrato de alquiler, nos habla de que la señora Olona se ha saltado las leyes a la torera, algo muy feo en quien presume, y con razón, de tener conocimiento de las mismas, aunque ahora nos salga hablando de “bulos” cuando el Ayuntamiento de Salobreña ha dictado una «resolución de inicio de baja de oficio» de este padrón al no cumplir con la obligación de residir en la vivienda donde está inscrita, después de que la Policía Local no haya podido «acreditar y constatar» que esta resida en la casa donde se empadronó.

Andalucia IILa Junta Electoral de Granada, al contrario que la de Madrid con el caso Toni Cantó, ha decidido que la señora Olona tiene derecho a presentarse a las elecciones en Andalucia, pero pueda o no, ya ha transmitido que no es una persona de fiar, porque como ha dicho la ministra de Justicia, Pilar Llop los procesos electorales son «algo muy serio», la «base y sustento de la democracia» y «no se deben, de ninguna manera, retorcer las normas». Unas normas que esta Abogada del Estado si ha retorcido.

Publicado en La Opinión de Murcia, hoy, 25 de mayo de 2022

APRENDER A DEBATIR, A DIALOGAR, A RAZONAR

miércoles, 25 mayo, 2022

Las películas americanas nos han venido enseñando formas de vivir y de desarrollarse una sociedad que, poco a poco, ha ido formando parte de nuestras vidas. La globalización (el uso del término se utiliza desde los años ochenta), ese fenómeno basado en el aumento de la interconexión entre los diferentes países del mundo en el plano económico, político, social y tecnológico, ha ido acercándonos en la manera de entender y de ver otros mundos.

AprenderPero el libro “Una retórica constructivista”, de los profesores David Pujante y Javier Alonso Prieto, de la Universidad de Valladolid, que profundiza en “la importancia del discurso social, como un elemento básico para construir una sociedad con capacidad crítica”, me ha hecho pensar que, en ciertos campos, nos falta mucho camino por recorrer para alcanzar esa plena interconexión, como ponen de relieve algunas de esas películas americanas a las que hacia referencia al principio, que reflejan en muchas ocasiones la consideración que en su educación tiene el discurso bien construido, la retórica, que no es otra cosa que “el conjunto de reglas o principios que se refieren al arte de hablar o escribir de forma elegante y con corrección con el fin de deleitar, conmover o persuadir”, según apuntaba Aristóteles, y que otros definen como “la disciplina que estudia la forma y las propiedades de un discurso”.

Tanta es la importancia que conceden en su educación a la capacidad discursiva, a la competencia para interaccionar lingüísticamente en el marco de un acto de comunicación en EE.UU. que todos los años, más de 400 institutos debaten sobre los temas más variados de todo el mundo (en el 2014 lo hicieron sobre el asunto de Cataluña), lo que nos produce una gran envidia porque los debates favorecen que los estudiantes adquieran conocimientos, a la vez que desarrollan habilidades como las de la investigación y la argumentación, así como saber diferenciar, jerarquizar, generalizar, cuestionar, analizar, formular preguntas, entre otras muchas técnicas cognitivas. Y aunque en los últimos tiempos en nuestro país, al parecer, se están poniendo en marcha algunos concursos de debates entre centros escolares, lo cierto es que no están generalizados. No desde luego, al nivel de los países anglosajones que tanta importancia dan a esta disciplina extraescolar, que parece dotar de una capacidad especial para el enfrentamiento dialéctico a sus políticos y hombres de leyes, sin tener que entrar en las descalificaciones constantes, en las simplezas a las que muchos de nuestros políticos nos tienen acostumbrados.

Aprender IIIY en todo esto me ha hecho pensar este libro que me hace llegar nuestro paisano, David Pujante, catedrático de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, que junto al también profesor Javier Alonso Prieto, presenta un profundo estudio en el que distintas firmas nos adentran en el conocimiento de los más variados discursos, porque tal y como apunta en el prologo del libro que firma el también catedrático Francisco Chico Rico, la retórica constructivista aúna los fundamentos teóricos y prácticos de la retórica “como corriente de pensamiento multidisciplinar defensora de la convicción de que la realidad no es algo que exista fuera y al margen de nosotros, sino que es una construcción mental (una “invención) resultante de los procesos cognitivos que llevamos a partir de nuestras interacciones con el entorno físico y social que nos rodea”.

No estaría mal que se fomentasen estas actividades en los colegios públicos españoles, porque se nos antoja una práctica necesaria para aprender a hablar en público, desde niños. Para aprender a debatir con respeto, a dialogar con razonamientos que, ahora, parecen ausentes de nuestra sociedad. No, no estaría nada mal.

Publicado en La Opinión, de Murcia, el 18 de mayo de 2022

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