ESCRIBIR DE OTRAS COSAS

martes, 22 junio, 2021

Son muchas las cosas que la actualidad nos depara, muchas de las que hablar, pero me siento incapaz, ahora, de escribir, por ejemplo, de las inconsistencias de Ayuso (esta mujer no se ha leído el artículo 62 de la Constitución Española en el que se dice, “En el marco legal de la Constitución nadie puede atribuir responsabilidad al Rey cuando éste, en cumplimiento de sus deberes constitucionales, sanciona una nueva ley. Negar su firma a un texto legal equivaldría a invadir la potestad legislativa, que corresponde a las Cortes Generales”), metiendo en un berenjenal al Rey, de las primarias del PSOE en Andalucía, de la no asistencia de los barones del PP a la plaza de Colón,

ISí, me siento incapaz de escribir de algo que no sea de las pequeñas Olivia y Anna, esas niñas de Tenerife a las que su padre ha asesinado para, dicen los expertos, hacer un daño infinito a su madre, en un ejercicio de violencia de género a la que llaman Vicaria y en la que el agresor utiliza a los hijos, hijas o dependientes, como instrumentos para hacer daño a la madre o expareja, en definitiva,

Y es tan fácil ponerse en el lugar de Beatriz, la madre de Olivia y Anna. Es tan fácil sentir empatía por ella, por su dolor, por su desesperanza. Una madre que se ha pasado todos los días, desde la desaparición de las niñas, negándose a aceptar que pudiera ocurrir lo que inevitablemente ha pasado. Una madre que ha ido ofreciendo imágenes llenas de vida de esas niñas que sonreían a la cámara, que jugaban, que mostraban la felicidad de sus pocos años, en un intento de dar a conocer sus figuras, pero también, como una manera sutil de hacer llamamientos a su padre para hacerle reflexionar, porque en lo más profundo de ella se negaba a aceptar que pudiese hacerles daño.

Ayuso 4Pues bien, ahora, esa mujer, a la que como decía el poeta “por dolerle, le duele hasta el aliento”, ha de soportar que incalificables personajes, le culpen de lo que ha pasado. Sí, esto es lo que ha pregonado en las redes sociales el sacerdote grancanario Fernando Báez Santana, conocido como el ‘padre Báez’, quien ha afirmado que el secuestro y muerte de las niñas Olivia y Anna es responsabilidad de la madre por su “infidelidad” y que las niñas seguirían vivas si Beatriz Zimmermann no hubiese roto su matrimonio con Tomás Gimeno. Asimismo, este hombre de iglesia, hace victima al asesino porque, según cuenta en Facebook “Anna y Olivia fueron dos angelitos que no tuvieron la culpa, sino que las quisieron cambiar de padre”, “pena de Prensa y Medios que sólo piensan en dos niñas y no en su padre: víctimas los tres”.

Para quienes nos consideramos creyentes, es imposible calificar estas palabras. Imposible entender como alguien puede manifestarse en este sentido, sin encontrar una expresión de piedad para su madre, haciéndola culpable de esta barbaridad y ahondando en su dolor, pero de la misma manera, no seria justo dejar de destacar el comunicado hecho, inmediatamente después, de las palabras de este sacerdote, por parte de la Diócesis de Canarias. Un comunicado en el que se dice literalmente que “El Obispado de Canarias, en nombre del Obispo de la Diócesis, Mons. José Mazuelos, y de toda la comunidad diocesana desea expresar públicamente su dolor ante los sucesos acaecidos en Tenerife y de los que han sido víctimas las pequeñas Olivia y Anna. A la vez quiere comunicar su rechazo tajante ante las indignas manifestaciones que en las últimas horas ha expresado el sacerdote D. Fernando Báez. Lamentamos profundamente y pedimos perdón por el dolor que estas declaraciones han ocasionado. Rechazamos y desautorizamos dichas opiniones personales que no reflejan los sentimientos de esta comunidad eclesial”, aunque echamos en falta la apertura de un expediente.

Sí, hoy tenia que escribir de otras cosas.

Publicado en La Opinión, de Murcia, el 16 de junio de 2021

RESPONSABILIDAD POLÍTICA

martes, 22 junio, 2021

Dicen que la responsabilidad política es la imputabilidad de una valoración por el uso que un órgano o individuo hace del poder. Y nosotros nos preguntamos si los gobernantes no deberían de ser exigidos, no solo por un uso torticero del poder, y si por que, desde ese poder, sus decisiones puedan perjudicar a la sociedad a la que se deben.

colegio ii¿Si, pongamos por caso, un gobernante desmantela los servicios públicos de su comunidad no debería de poder ser demandando? ¿En nombre de una determinada ideología se pueden empobrecer los servicios públicos básicos de una colectividad como la educación, la sanidad, y todo aquello que nos acerca a la igualdad?

Que algunas autonomías; de manera especial las gobernadas por el PP, tienden a desmantelar los servicios públicos, para fortalecer los privados, es de todos conocido. Los conciertos con la sanidad privada, pongamos por caso, crecen como setas, a la vez que la sanidad pública se empobrece, al mismo ritmo que se produce el deterioro progresivo de las condiciones de los colegios públicos, mientras se fortalece la educación privada y concertada, en nombre de que no se que libertad de los padres para elegir la educación de sus hijos. colegioQue hasta aquí podríamos llegar, claro que tienen toda la libertad del mundo para hacerlo, pero pagándolo ellos. Porque muchos ciudadanos entienden que, con sus impuestos, lo que quieren es que los colegios públicos tengan calefacción y aire acondicionado, que las instalaciones deportivas estén a la altura de esos colegios concertados que pagamos todos, que el numero de alumnos por aula no sea imposible para recibir una adecuada formación, que el numero de profesores sea el que ha de ser y que, por ejemplo, como denunciaba hace unos días el Sindicato de Enseñanza de UGT, en la Región, se termine con los colegios públicos que continúan teniendo amianto en sus estructuras, “son entre 130 y 150; es una cuestión que hay que resolver porque se trata de un elemento cancerígeno y que puede ser un factor de riesgo para desarrollar mesotelioma, una forma rara de cáncer” . Un problema que, al parecer, no tiene visos de solucionarse totalmente antes del 2027.

Tenemos la sensación, de que algunos gobernantes se sienten por encima del bien y del mal, porque esas decisiones que perjudican a miles de ciudadanos, no tienen consecuencias, aunque esas determinaciones afecten de manera irreparable a la sociedad a la que han de servir, posiblemente porque, como muchos pensarán, la responsabilidad política es distinta a la responsabilidad jurídica, entendiendo que la responsabilidad jurídica es la de los gobernantes ante los Parlamentos o los tribunales por su uso del poder y la responsabilidad política es evaluada por los ciudadanos cuando, asumiendo el papel de electores en un sistema democrático, estiman el uso que los gobernantes han hecho del poder, aplicando cualquier tipo de criterio para valuar su desempeño y no una norma jurídica. Y sí, podemos entender que el juicio de valor que un gobernado atribuye a los actos de poder de un gobernante constituye, en efecto, una manera de evaluar la responsabilidad política que es fundamental para la vida democrática.

colegio iiiPero pongamos un ejemplo, el que la justicia haya dictaminado que no ha lugar condenar al concejal del Ayuntamiento de Murcia, Felipe Coello, por vacunarse, cuando no le correspondía (su condición de médico no le exime del cumplimiento puesto que no está en activo), no significa que el señor Coello no se saltase a la torera su responsabilidad política, que era no escandalizar a los ciudadanos con su acciones.

Que ahora, continúe exigiendo pomposamente que todos aquellos que le reprocharon su acción han de pedir perdón es no haberse enterado de nada.

En política, sobra soberbia, falta reflexión, y el ciudadano tiene la impresión de que carece de mecanismos de control sobre la acción de sus gobernantes.

Publicado en La Opinión, de Murcia, el 9 de junio de 2021

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