UN HOMBRE ÍNTEGRO

Martes, 23 febrero, 2021

descarga (12)Era junio de 1983. Yo llegaba a RNE, en Murcia, a estrenarme en eso de la gestión de un medio de de comunicación. Una Murcia, como ocurría en toda España, en plena efervescencia política. Los bares “progres” estaban abiertos toda la noche y tomarse una copa “arreglando” Murcia, y todo el mundo mundial, era lo más normal. Había vida en esos ambientes. En esos, y en todos. Los políticos mostraban ilusión por lo que hacían, creían en lo que hacían, parecían preocuparse por lo que hacían.

Y entre esos políticos, que nos transmitían todo eso, estaba José Molina, Economista. Consejero de Economía en el Gobierno de Andrés Hernández Ros, y en los últimos años, presidente del Portal de Transparencia de la Comunidad Autónoma.

descarga (13)Le conocí en uno de esos actos en los que coinciden periodistas y políticos, y hablamos de pie: sabía que era de Guadix y me preguntó por alguien de mi pueblo que había estudiado con él. Hablamos lo que se puede hablar en estos actos, pero en mi quedó la sensación de que la Economía del Gobierno de Murcia, estaba en buenas manos. Pasado poco tiempo le llame para invitarlo a un programa de carácter nacional, en RNE, y aceptó encantado. Vino con tiempo, y tuve la oportunidad de gozar de su charla, de conocerle mejor, de descubrir que estaba delante de un gran hombre que defendía el conocimiento de las leyes por parte de los políticos, porque entendía que sin ese conocimiento no podía existir respeto hacia los ciudadanos. Y sin eso, “se corría el peligro de destrucción de los valores”.

Aquella conversación fue muy importante para mí. Yo había vivido parte de la transición democrática haciendo información parlamentaria en Madrid. Había conocido a muchos políticos; de uno y otro signo, todos plenos de entusiasmo por lo que este país estaba viviendo, y en una época en la que los políticos se fiaban de los periodistas, y los periodistas de ellos: había una unión y una comunión de intereses, que el tiempo torno en desconfianza mutua. Sí, había conocido a muchos políticos, pero a muy pocos que creyeran tanto en el servicio publico como él.

Pasaron años hasta que me atreví a decirle lo que aquella charla me había impresionado. No olvidaré su sonrisa y su mirada de sorpresa. Y lo hice la última vez que hablé con él, sin prisas, largamente. Fue en septiembre del 2020. Yo había escrito un artículo, en esta sección, sobre su despedida como presidente del Consejo de la Transparencia, y le había gustado. Me limitada a decir lo que todo el mundo pensaba de él, que era un hombre honesto, pero entre sus muchas cualidades, también tenia la del agradecimiento, y me llamó para mostrarme su gratitud, y para invitarme a tomar un café, sin prisas. Y quedamos, como no. Al aire libre, en la plaza de Belluga. Y me di cuenta de que el tiempo no le había cambiado, porque aunque sus ocupaciones fuesen otras; las preocupaciones eran las mismas, aunque con otros matices.

descarga (14)Percibí que su tiempo en el Portal de la transparencia de Murcia había sido todo, menos fácil, pero estaba orgulloso del resultado de su trabajo, aunque reconocía que, a veces, había tenido que sortear algunos intentos de oscurecimiento, quizás porque la transparencia no es algo que guste a todos los gobernantes, por eso entendía que era necesario que el sentido de transparencia funcionara a nivel nacional, porque según sus palabras, era la única manera de que la sociedad creyera en sus gobernantes.

Ya se que sobre José Molina se ha escrito mucho estos días: el dejó en aquellos que le conocieron y trataron, los mismo recuerdos de hombre íntegro y honesto que en mi. Pero he sentido la necesidad de escribir sobre él, porque el mundo no está sobrado de personajes que, con años a la espalda, continúen creyendo que es posible mejorar la sociedad: “Cada uno puede hacer mucho y todos juntos podremos hacer historia”.

Publicado en el diario La Opinión, de Murcia, el 17 de febrero de 2021

LA HISTORIA CONTADA POR PODEMOS

Lunes, 15 febrero, 2021

Raro es el día en que las redes sociales no nos ofrecen eso que se ha dado en llamar fake news, y que no es otra cosa que patrañas puestas al servicio de ciertas ideologías y de muchos intereses.

Pero estos fake news no parten solamente de algunas publicaciones digitales, que como en la mayoría de los casos desconocen la asignatura de Ética y Deontología Profesional, ignoran que si la Ética es el conjunto de costumbres y normas que dirigen o valoran el comportamiento humano en una comunidad, la deontológica es un sistema de regulación del que se dota una corporación profesional, con el fin de garantizar que se ejerza con responsabilidad y enfocándola hacia la defensa del interés general.

Lo que ocurre es que, en los últimos tiempos, los fake news, o lo que es igual, la tergiversación de los hechos y de la propia historia, no proceden solo de algunos medios, especialmente digitales, con pocos escrúpulos y mucho que ganar con sus falsedades, y sí de algunos políticos; incluso de aquellos que vinieron a “salvarnos” de todo lo malo de lo que ellos llamaron “casta”. Y si para conseguir sus fines han de mentir, tergiversar, o directamente inventarse la historia, pues se hace, porque al parecer no ocurre nada: los ciudadanos están acostumbrándose al continuo desafinado de las notas y lo que está ocurriendo es que el oído se esta habituando a la estridencia.

Que Podemos tiene obsesión por acabar con el sistema monárquico ya es sabido por todos, porque no hay día que no nos vengan con la misma cantinela. Que están dispuestos a todo por conseguirlo, es fácil percibirlo: si para ello han de cambiar la historia, se cambia, y pelillos a la mar.

ISABEL FRANCOLo ultimo, en este intento de hacer a la monarquía culpable de todos los males, ha sido la intervención de Isabel Franco, diputada de Unidas Podemos por Sevilla, que se convirtió la semana pasada en protagonista en el Congreso, por su curiosa e inconsistente versión de la Reconquista, algo que ella metió con calzador porque se trataba de una moción de Vox sobre las medidas del Gobierno para “frenar la invasión migratoria en España”. Esa era la pregunta presentada por Vox en el Parlamento, y la señora diputada se despachaba diciendo cosas como: “En Al-Ándalus convivían tres culturas, la musulmana, la judía y la cristiana. Fue la monarquía hispánica la que provocó una enorme invasión, eso sí fue una invasión, un genocidio y una ocultación”. Asimismo, soltó todo esto de un tirón, y aunque ella dijese más tarde que cuando habla se ha informado antes, yo creo que en este caso lo hizo poquito, y este es el problema, que nuestros políticos desbarran demasiado. Y si Abascal soltó un discurso un tanto racista, al referirse a los inmigrantes llegados a Canarias, esta diputada hizo gala de un desconocimiento supino de la historia: al parecer, a ella solo le importaba aprovechar el momento para aunar monarquía con genocidio, dejando claro que de conocimientos históricos anda justita. Tan justita, que desconoce que muy poco tiene que ver Al-Andalus con “la monarquía hispánica”, según los historiadores, que dejan muy claro que ni Al-Andalus es “un único periodo de la historia, porque tiene muchas etapas”, ni fueron los Reyes hispánicos quienes acabaron con Al-Andalus, seguramente porque Al-Andalus acabó consigo misma, dando lugar a los pequeños reinos de Taifas siendo los propios musulmanes quienes dieron por acabado al Califato como ente político en el siglo XI. En definitiva, “desde 711 hasta 1492 el territorio hispano bajo poder musulmán estuvo administrado de muy diversas maneras y por potencias diferentes, en ocasiones como parte de imperios árabes y bereberes, de forma centralizada en Córdoba o dividido en taifas”.

Lo de la señora Franco no solo es desconocimiento: es desvarío monárquico.

Publicado en La Opinión, de Murcia, el 10 de febrero de 2021

SMS, Y LOS CONTRATOS COVID

Jueves, 4 febrero, 2021

images (1)La pandemia del Covid, nos ha hecho descubrir, entre otras cosas, la calidad humana de nuestros médicos, la entrega absoluta de nuestros enfermeros, y la capacidad de nuestros hospitales para adaptar sus plantas a esta plaga. En definitiva, nos está redescubriendo muchas cosas, entre ellas, la labor importantísima que ejercen las, y los auxiliares de enfermería, y que tenemos la impresión de que pasa un tanto desapercibida.

El sector de auxiliares de enfermería, o los Técnicos en Cuidados Auxiliares de Enfermería, está formado por gente muy variada, porque se entremezclan los de la vieja escuela; con una formación superior en FP, en la mayoría de los casos, y una nueva ola de gente joven, más preparada, a los que la situación laboral de nuestro país les ha llevado por estos derroteros. Pero ambos grupos tienen algo en común, entre otras cosas, responden a un perfil de trabajo con mucha carga física, que se agudiza en las plantas Covid de los hospitales, donde la mayoría de los enfermos tienen sobrepeso, agudizado por los aparatos de ventilación mecánica no invasiva que les acompaña, y que complica la capacidad de movimientos de los trabajadores que han de moverles.

Trabajadores que hacen doce horas diarias, de turno interrumpido, con horarios de 8 de la mañana a 8 de la tarde, y al día siguiente, de 8 de la tarde a ocho de la mañana. Sanitarios que en las plantas Covid, la mayoría de las horas de su turno, han de vestir con eso que llaman el EPI, o lo que es igual, el Equipo de protección individual. Esos trajes que al comienzo de la pandemia tenían que hacerse ellos mismos con bolsas de plástico de basura que precintaban con cinta aislante (por fortuna no ocurre igual ahora donde este tipo de vestimenta está perfectamente homologada), que les produce un sudor agobiante, y que son todo menos cómodos para trabajar.

images (4)Pues bien, esos sanitarios, a todas luces insuficientes para la carga de trabajo que han de soportar, no pueden evitar verse asimismo, como la mano de obra barata que permite que el edificio se construya aunque sean otros los que han de planificarlo. Y a veces, los que planifican, no hacen esas doce horas de turno, no se pasan la mayoría del tiempo de trabajo embutidos en el dichoso EPI, y a veces también, olvidan en su toma de decisiones que deciden sobre personas. Algo así como lo que ha estado a punto de ocurrir en el hospital Reina Sofía, de Murcia, donde a los sanitarios se les avisaba de la supresión de unos tentempié que les ofrecen a media mañana y media tarde. Unos panecillos con algún embutido, tortilla o queso, que les sirven para soportar esas jornadas maratonianas y agotadoras a las que están sometidos.

Buenos, pues al parecer, esto ha estado a punto de ser suprimido (la intervención de los sindicatos lo ha evitado, pero ya se sabe que cuando se amaga con suprimir algo, se termina haciendo realidad), por orden del SMS, tal y como se refleja en un mensaje que se les hizo llegar al personal: “Desde este lunes día 1 de febrero se deja de servir agua, bocadillos y dietas a los profesionales de servicios Covid. La dirección se ha visto obligada a ello por requerimiento e intervención del SMS”.

Por cierto, estos, y estas auxiliares de enfermería, en la mayoría de los casos contratados por seis meses (los de enfermería lo son por un año), cuando finalizan ese contrato, pasan otra vez a la bolsa de trabajo, a la espera de que los llamen de nuevo. Y cuando esto ocurra, seguramente les asignaran otro centro, y otro servicio, donde su experiencia en Covid se perderá: tanto las enfermeras como las auxiliares, que trabajan en las plantas Covid de este hospital, han sido contratadas e instruidas para esto. Incluso en el documento aparece el término “Contrato Covid”.

¿La manera de rentabilizar la formación que se presta a los trabajadores no se tiene en cuenta? ¿La burocracia impide realizar una organización más racional?

Publicado en La Opinión, de Murcia, el 3 de febrero de 2021


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