ASOCIACIONES CON VOCACION DE INQUISICIÓN

Lunes, 16 marzo, 2020

AbogadosEn su página Web se define así: “La Asociación Española de Abogados Cristianos es una asociación civil de ámbito nacional fundada en el año 2008 que defiende en el ámbito jurídico los valores inspirados en el cristianismo. Entre nuestros fines se encuentra la defensa jurídica de la libertad religiosa, de la vida, la familia y de todos los ciudadanos que ven lesionados sus derechos y libertades por razón de su fe”. Y esto último, ya llama la atención al decir eso de “todos los ciudadanos que ven lesionados sus derechos y libertades por razón de su fe”, porque yo no creo que en este país nadie pueda sentirse perseguido por esas cosas, y por otras.

Este colectivo, alcanzó especial notoriedad cuando le hizo el juego a Willy Toledo, ese actor canario, con no mucho trabajo en su profesión, especialista en meterse en los más variados charcos , que parece tener una obsesión por la blasfemia soez y desvergonzada, poniéndole una querella que han perdido (pueden recurrirla), porque la magistrada que le ha juzgado, solamente ha visto en sus palabras, lo que todos percibimos en Willy Toledo, un deseo enorme de ser el perejil de todas las salsas, y una incontinencia verbal que le hace decir las más variadas sandeces, al margen del odio que le tenga a la iglesia católica, y a ciertas celebraciones, que quizás se lo tendría que hacer mirar, pero eso, debería de ser solo su problema. El caso es que la responsable del Juzgado de lo Penal número 26 de Madrid, Sonia Agudo Torrijos, ha absuelto al actor de los delitos de los que le acusaba la Asociación de Abogados Cristianos, que le llevó a juicio. La magistrada, como no podía ser de otra manera, reconoce “la falta de educación, el mal gusto y el lenguaje soez utilizado por el acusado”, pero insiste en que este estilo que “caracteriza sus publicaciones” no acredita que el lenguaraz actor (lo de lenguaraz es mío) haya incurrido en un delito.

ToledoY es lo que piensa cualquier persona sensata. Que el señor Willy Toledo tenga una manera de hablar tan vulgar, tan arrabalera (al parecer tiene un problema de defecación porque siempre tiene ganas de hacerlo), solo le retrata a él, porque cuando alguien suelta determinadas expresiones contra la Iglesia, contra Dios, contra la celebración del Día de la Hispanidad, sin ton ni son, de manera poco lúcida y si muy logorreica, el que queda en ridículo es él. Al que no es posible tomar en serio es a él, porque sus intervenciones están más cerca de la astracanada que de la lucidez. Es él, quién llama la atención por mostrarse como persona de escaso fundamento, pero nadie tiene el derecho a juzgarle, porque sus palabras incomoden o nos hagan sentir mal. No lo escuchemos (me niego a reproducir aquí las tontunas de Willy), pero nadie ha de tener la potestad de convertirse en guardián de las buenas costumbres, porque eso está muy cerca de la inquisición. Que dediquen sus energías a guardar las “buenas” costumbres en su casa, con sus hijos, con su familia, pero no tienen ningún derecho a inmiscuirse en la forma de hacer, aunque sea maleducada y obscena, de los demás.

Hay quienes dicen que el actor no se atrevería a decir nada ofensivo sobre Alá. Pues bien, yo estoy segura de que no lo hace, no porque esto sea más comprometido, no, es que, mal que le pese, tiene la educación que tiene, judeo-cristiana, y le sale lo que piensa que puede ofender. El es hijo del doctor José Toledo González, uno de los pioneros de la cirugía torácica en España, y estudio en Estados Unidos. Ya ven, lo que llamamos un niño bien. Como la mayoría de los abogados que forman parte del colectivo que le denunció. Un colectivo con la sensibilidad, tan a flor de piel, que puede sentirse ofendido por todo, y por todos, y que si quisiera colapsar el funcionamiento de los juzgados (lo que les sobra a estos es trabajo), podría conseguirlo porque su imaginación no tiene fin a la hora de percibir ofensas, sobre todo, religiosas.

Publicado en La Opinión, de Murcia, el 11-3-2020


ERNESTO CARDENAL, UN HOMBRE COMPROMETIDO

Martes, 10 marzo, 2020

El pasado lunes, recibía un mensaje en el que, junto a una foto de Ernesto Cardenal, decía: “Ha fallecido un hombre comprometido”. Y fue como volver a recordar aquel tiempo en el que emergía la figura atractiva de un hombre, no muy alto, de apariencia frágil, de mirada inteligente y de sonrisa esperanzadora. Un hombre, poeta, traductor, escultor, teólogo. Un intelectual, en definitiva, que se convirtió en uno de los más destacados defensores de la teología de la liberación (una corriente teológica cristiana integrada por varias vertientes católicas y protestantes, nacida en América Latina, que se caracteriza por considerar que el Evangelio exige la opción preferencial por los pobres), y en un hombre comprometido con su tiempo, con la sociedad en la que le tocó vivir. Y le tocó vivir en la época del llamado somocismo, como se denomina, en la historia de Nicaragua, al sistema dictatorial que impuso una poderosa familia, y que se mantuvo en el poder desde 1937 hasta 1979, fecha en que la Revolución Sandinista, con la que Ernesto Cardenal estaba comprometido, puso fin a la dictadura de la familia Somoza.

CardenalDe cómo era este hombre, nacido en el seno de una de las familias más importantes de la Granada de Nicaragua, nos habla la ceremonia de entrega del Premio Iberoamericano de Poesía Reina Sofía, en 2012, diciendo aquello de: “Mi poesía tiene un compromiso social y político, mejor dicho, revolucionario. He sido poeta, sacerdote y revolucionario”. Y dejó estas palabras para la historia como dejó también aquella imagen menuda, sonriente, de hombre humilde. Una imagen que hablaba de su modestia, sí, y también pregonaba la inflexibilidad de un pontificado, el de Juan Pablo II. Inolvidable aquella imagen, en 1983, en Nicaragua, de Ernesto Cardenal, el sacerdote, el poeta, el ministro de Cultura del país, recibiendo arrodillado al pontífice, y como éste, con gesto duro, aparecía señalándole con el dedo índice, reprendiendo públicamente al religioso por formar parte del Gobierno sandinista (meses más tarde, le condenaba a no formar parte de la Iglesia). Pero él recibió el público rapapolvo con una sonrisa y la firme determinación de continuar haciendo aquello en lo que creía: “Mi fe es en Cristo, no en el Vaticano”. “El cristianismo tal como lo vemos en el Vaticano, no es el que Cristo quiso para la iglesia; pero mi fe es en Cristo, no en el Vaticano; si el Vaticano se aparta de Cristo, yo sigo con Cristo”, explicaba Cardenal a la BBC en 2007. Y un hombre así, tuvo que esperar la llegada al Vaticano del papa Francisco, alguien que comparte con él sus ideas de una Iglesia pobre, y para los pobres, para ser rehabilitado y acercarlo de nuevo a la Iglesias Católica.

De su altura moral nos habla, tanto su acercamiento al Vaticano, como su alejamiento de Daniel Ortega, al convertirse en su mayor crítico después de su regreso al poder en 2007. “Queremos simplemente que la pareja presidencial se vaya, no hay nada que dialogar (…). Ellos deberían saber lo que está pasando sin que yo se los diga. No tengo libertad para decirlo, no hay libertad de ninguna clase. Cualquiera puede sufrir la represión. Ni yo estaría libre tampoco”.

obispoNo, Ernesto Cardenal, nunca fue un cura al uso, y que bien, porque si un cura al uso es el cardenal Antonio María Rouco Varela, que amenaza con bajar la aportación de la Iglesia católica a Cáritas, por ejemplo, si se obliga a la Iglesia a pagar el Impuesto de Bienes Inmuebles IBI ( Italia, país donde reside la Santa Sede, ya se exige a la Iglesia pagar el IBI) , yo prefiero esos curas que, como el Papa Francisco, defienden a los más necesitados y hacen gala

Publicado el 4-3-2020

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