LA CARCEL EN UN VESTIDO

Jueves, 31 mayo, 2018

Ya se que algunos ciudadanos de este país nuestro se permiten dar lecciones de democracia a otros con muchos más años de experiencia en la materia que nosotros. Ya se que en nombre de no se que progresismo algunos dirán que este artículo atenta contra los derechos fundamentales de no se que. Pero miren, decidí hace tiempo que no me dejaría amedrentar por los fundamentalistas (religiosos o políticos) porque quiero sentirme una ciudadana libre para expresar mis opiniones. Y como este diario me lo permite, eso pretendo con este artículo; hablar con libertad.

descarga (4)El pasado día 17, jueves, me encontraba comprando en Carrefour. Miraba las frutas y, de pronto, a mi lado, vi a una mujer (bueno, podría ser un hombre, porque solamente se le veían los ojos), vestida absolutamente de negro, que asomaba sus ojos por una rendija abierta en el tejido que le cubría totalmente el cuerpo. Sí, aquí, a las 13 horas, aproximadamente, hacia su compra alguien que vestía con un “niqab”. Me sorprendió sí, muy desagradablemente. Quizás porque no estoy acostumbrada a ver esa indumentaria en esta tierra. Posiblemente porque siempre pensé que nadie sabe quien va debajo de esa vestimenta. Y porque, por mucho que se empeñen los que hablan de que la mujer musulmana elige libremente llevar esa prenda, yo me permito dudar de ello, porque nadie puede sentirse cómodo en una cárcel, y eso atuendo tiene mucho de eso.

La experta en estudios islámicos y políticos de medio oriente, Raihan Ismail, investigadora de la Universidad Nacional de Australia, es autora de una publicación sobre el significado del ropaje que visten las mujeres musulmanas. Estas prendas son cinco: niqab, hijab, burka, chador y dupatta. El niqab, el que llevaba la persona que iba debajo de la vestimenta que yo vi en Carrefour, solo deja al descubierto los ojos.

descarga (2)Pues bien, esta investigadora, que se declara musulmana, justifica en su escrito este atavío diciendo: “Las mujeres lo hacen porque creen que es una obligación religiosa, sin embargo, algunos hombres piden a sus esposas usar el niqab o la burqa para evitar que los demás las vean. “Cuando esto sucede, no es culpa del atuendo, sencillamente hay opresión en el hogar”. Esto es lo que asegura la experta. Y a mi me parece que cuando vivimos en una sociedad tan sensibilizada por la dignidad de la mujer, esta sociedad debería impedir la utilización de estos atavíos, algo que ya avala el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo. Sí, en Julio de 2017 el TEDH respaldó la prohibición del “burqa” o del “niqab” en los espacios públicos con el fin de facilitar la convivencia y proteger los derechos y las libertades de los demás, añadiendo que la prohibición puede ser “necesaria” en una sociedad democrática. Esto decía la sentencia del alto tribunal europeo que daba la razón a la ley de Bélgica de 2011, que prohíbe cualquier vestuario que tape la cara total o parcialmente.

La resolución respondía a recursos presentados por dos mujeres, una belga y otra marroquí, contra la ley belga de 2011. El Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo daba así la razón al Estado belga. El fallo concluía que “la prohibición del burqa no vulnera el derecho al respeto de la vida privada y familiar ni tampoco el derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión, como tampoco puede considerarse un caso de discriminación”. Así de claro.

imagesPaíses que nos pueden dar lecciones de tolerancia, que tienen muchos mas años que nosotros de democracia (hablamos de Francia, Bélgica, Austria, Holanda, Alemania y Dinamarca, y otros con menos experiencia democrática como Bulgaria y Letonia) ya prohibieron la utilización de estas prendas en sus espacios públicos. Por cierto, es la segunda vez que el Tribunal de Estrasburgo respalda prohibir cualquier prenda que cubra total o parcialmente la cara de una persona. Y son demócratas.

Publicado en La Opinión, de Murcia, el 30-5-2018

LARRA, KAFKA O EMPADRONARSE EN MURCIA

Jueves, 31 mayo, 2018

A 0La obra “Vuelva usted mañana”, de Mariano José de Larra, escritor y periodista español del siglo XIX, ha quedado en el imaginario español como algo que representa como nadie la pereza que siempre se adjudicó al funcionariado español a lo largo del tiempo. Un funcionariado que secularmente estaba mal pagado; no es el caso de ahora, y que se cobraba con sus excesos de dejadez, con su desidia hacia el administrado, el mal trato que creía percibir. Así es que, ese “Vuelva usted mañana” ha quedado; incluso para los que nunca leyeron un libro, como ejemplo de la burocracia y de todos los que muestran desinterés por las obligaciones de su profesión.

Verán, una amiga fue a empadronar a su hijo. No un recién nacido no. Un chico algo mayorcito que hace tiempo se vio obligado a salir de esta tierra en la que nació, y a la que ama, porque a determinadas edades hay que buscarse la vida donde sea. Pues bien, la vida ha sido generosa con el y ahora puede volver a esta tierra suya, con sus padres, con sus amigos, con sus recuerdos. Y necesita empadronarse, miren por donde. Algo muy normal, que bebería ser muy sencillo y que, por esas cosas de la administración, aquí se puede convertir en un dilema.

descarga (1)Su madre; las madres sirven tanto para un empadronamiento como para las cosas más insospechadas de los hijos, que también es nacida y criada en Murcia, su marido también y toda su familia (más de siete apellidos murcianos, por lo menos) se dispone a empadronarlo, porque quien mejor que una madre para hacernos la vida más fácil y quitarnos esos pequeños problemas que pueden amargar nuestra existencia. Bueno, lo de pequeños problemas es un decir, porque esa madre abnegada (abogada y todo, que ya es decir) se dispone a iniciar los tramites de este engorroso (engorroso ahora, ella nunca lo hubiese pensado así antes) tramite. Y se dirige a la plaza de los Apóstoles porque al parecer era el sitio adecuado para tamaño proceso. Y no, ahí no le atienden. Oficina cerrada y la remiten a la plaza de Europa. Y allí se encamina, alegre y feliz porque su hijo hará realidad ese ansiado deseo de volver a ser murciano, oficialmente murciano, porque él lo ha sido siempre.

Allí, en la plaza de Europa, le dicen que si quiere presentarlo tardarán dos o tres semanas en hacerlo porque ellos solo son un registro y han de mandarlo a la inscripción correspondiente que, al parecer, está en la plaza de la Pólvora. Y añaden: ha de pedir cita por Internet para acudir allí (me pregunto que hace la gente “normal” en Murcia que desconoce eso de Internet, que los hay, si no pueden solucionar sus cosas por la vía de toda la vida de Dios). Y sí, los conocimientos sobre la vida moderna de esta abnegada madre dan para conocer el funcionamiento de Internet (ya les digo que es universitaria) pero miren por donde, le dan cita parta el día 30.

descargaSí, desde el día 19, en que ella pide ese empadronamiento, no lo logrará hasta el día 30. Es decir, 12 días después. Pues yo, ante este absurdo, no puedo por menos de acordarme de Larra, un madrileño del siglo XIX. Pero es inevitable rememorar también a un tal Frank Kafka nacido en el siglo XVII, en Bohemia, en el Imperio austrohúngaro y resaltar la coincidencia de ambos en la globalización del siglo XXI porque ya sabemos que algo kafkiano, o “venga usted mañana” lo decimos ahora al referirnos a cosas o situaciones absurdamente complicadas, extrañas, como las que describía Kafka: asunto kafkiano; broma kafkiana. En definitiva, “venga usted mañana, Como esa ciudadana que clama en el desierto para poder empadronar a su hijo. Nacido en Murcia y que quiere volver a ella. Sí: algo kafkiano.

¿De verdad ha de ser tan complicada la administración pública?

Publicado en La Opinión, de Murcia el 23-5-2018

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