REQUIEN POR RTVE

Martes, 24 abril, 2012

 

RTVECharles Baudelaire escribió: “Solamente es igual a otro aquél que lo demuestra, y solamente es digno de libertad aquel que sabe conquistarla”. Y los españoles creíamos haber conquistado el derecho a contar con una radio y televisión pública de ámbito nacional que estuviera al servicio de los ciudadanos y no del gobierno de turno, como vino ocurriendo hasta el año 2006 en que Rodríguez Zapatero—algunas cosas hizo bien—decidió acercar RTVE a los parámetros de la BBC haciendo posible una radiotelevisión publica gestionada desde el consenso con el primer partido de la oposición.

Pues bien, el Gobierno del PP ha hecho saltar por los aires aquel acuerdo que se pactó, entre Zapatero y Rajoy, encaminado a que al partido gobernante no pudiese imponer el nombramiento de su candidato a gestionar RTVE al necesitar de una mayoría de dos tercios en el Parlamento para nombrar al máximo responsable y a los consejeros del ente. Es decir, el PP ha vuelto a una televisión de partido; que es lo que deseaba, hurtando a la sociedad la imparcialidad, el equilibrio informativo del que ha venido haciendo gala TVE desde el 2006 y es que, como dice un viejo proverbio “no hay ley sin agujero para quien sabe encontrarlo” y el Gobierno de Rajoy ha sabido encontrar razones para justificar este atropello a la libertad de información, incluso mintiendo, porque intentar argumentar esta tropelía echándole la culpa al PSOE de no querer llegar a un acuerdo sobre el tema es de aurora boreal, vamos que no cuela.

RODRIGUEZ ZAPATEROAquí, la única verdad es el deseo de acabar con una de las decisiones de Rodríguez Zapatero que mas ha valorado la opinión pública: la puesta en marcha de una Ley que convirtió a TVE y RNE en unos medios independientes, incluso a costa de muchas críticas internas en el seno del propio partido socialista.

Sí, a partir de ahora, no solamente TVE ha dejado de ser libre, los ciudadanos de este país lo somos un poco menos porque, sin medios alejados de las influencias políticas, la calidad democrática se resiente.

RAJOYEs imposible imaginarnos a los primeros ministros ingleses hacer con la BBC lo que ha hecho Rajoy, laminar fulminantemente la libertad de la radio y televisión pública española de ámbito estatal—hablar de libertad en las televisiones autonómicas seria un sarcasmo–, porque estamos seguros de que los ciudadanos ingleses no se lo permitirían. La BBC es grande porque los ingleses creen en la democracia, sean del partido que sean, y aunque muchas veces sus mandatarios se han enfrentado a los dirigentes de ese prestigioso organismo de comunicación, ellos saben que la sociedad británica no les permitiría arremeter contra su libertad de funcionamiento. Aquí sí, aquí lo permitimos de la manera más natural.

Hace tiempo The Journal hablaba de un informe realizado por Michael Cockerell sobre la televisión británica y los primeros ministros y decía que “políticos y hombres de la televisión juegan un perpetuo duelo del gato y el ratón, en el que cada uno está convencido de ser el gato”. Pues bien, aquí, algunos políticos, en cuanto se les deja; y se les deja… tienen tendencia a querer convertirse en tigres.

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TAMBIEN LA VERDAD SE INVENTA

Martes, 24 abril, 2012

 

El escritor y periodista Juan Cruz ha publicado en la cadena de diarios Prensa Ibérica un artículo sobre el último libro del también escritor y periodista Fernando Delgado. Como quiera que me precio de contar con la amistad del segundo y la relación siempre cordial con el primero, me permito incluirlo aquí porque me ha parecido que refleja el profundo cariño que se tienen y que comparte con Pilar Padilla, la mujer de Juan, también periodista.

JUAN CRUZLa radio es el mejor invento del hombre aparte de la medicina. La admiración que siento por quienes la hacen viene de muy lejos, de cuando aún no sabía ni leer ni escribir y ese medio resultaba tan crucial para mí, y seguro que para miles de millones de personas, como el aparato con el que me calmaba el asma.

La primera voz que luego, cuando ya era un adolescente, vi en persona fue la de Fernando Delgado, que entonces era un año mayor que yo (o casi) y trabajaba de locutor en Radio Juventud de Canarias, en Tenerife, de donde somos ambos. Coincidimos en un examen de Griego cuando él y yo estudiábamos por libre el bachillerato. Los incidentes de aquel examen (que uno aprobó y el otro no, y en eso no me voy a detener) han dado para mucho, pues comenzaron con la expresión de mi admiración particular por lo que ya entonces se me antojaba que era una figura de la radio, pero sobre todo porque el tiempo jamás disminuyó, ni un ápice, la amistad que entonces empezó a crecer.

El tiempo ha dado para mucho, y sigue dando. FERNANDO DELGADOFernando ha hecho muchísimas cosas en el mundo de la comunicación, la radio, la televisión, la prensa, en la gestión y ante el micrófono. Pero jamás ha decaído su vocación poética, que ha seguido alcanzando el formato noble de los versos pero también se ha derramado en los también arriesgados vericuetos de la narrativa. Y ahora ha publicado en Planeta, su editorial desde que ganó el premio del mismo nombre, su mejor libro, o por lo menos el más arriesgado de todos los que hasta el momento ha dado al papel. Es una novela, También la verdad se inventa; ese verso de Antonio Machado («Se siente más de la cuenta/ Por falta de fantasía: También la verdad se inventa») le sirve a Fernando Delgado para trabar una historia de mil historias (casi), todas diferentes y todas animadas por la inveterada decisión del escritor de no abandonar el ámbito poético que forma parte de su energía sin descuidar en absoluto su pasión por contar.

La novela transcurre en un estudio de radio, y por tanto en las ondas; su asunto, el que circula por las venas del libro, se refiere a las distintas venas que tiene la homosexualidad en todas las formas en que ésta se expresa. El dibujo que hace Fernando para profundizar en el asunto tal como debe hacerse en las novelas (o en el arte en general) se corresponde con los disfraces imprescindibles para que el relato cobre el vuelo adecuado y su misterio. De modo que uno va leyendo como si estuviera ante historias cruzadas cuando al final el relato es único y va al fondo de la soledad (de su construcción) o de la alegría con la que los protagonistas van contándole a una locutora a veces desganada, otras veces burlada, pero siempre presente, una peripecia que parece que nunca es verdad.

Es un libro lleno de fantasía, de invención, pero el filamento más puro tiene que ver (en este país abotargado, episcopal e insultón) con la reivindicación que siempre ha hecho Fernando de las sensibilidades contrariadas. Es una novela, no es una reinvidicación sociológica, pero mientras la leía sentía que era también una reivindicación de esas sensibilidades contrariadas a veces (y muchas veces) incluso por las jerarquías más obligadas a la humildad de las opiniones.

¿Una novela arriesgada? Pues sí, pero no por el asunto, que está muy bien resuelto como una narración que sigue todos los cánones, sino porque en su narrativa es la primera vez que Fernando Delgado ata el barroquismo carpentierano del que procede su imaginación novelística y asume el lenguaje pronto de la radio, que le permite ir (como requería Azorín) “derechamente a las cosas”. O como hubiera dicho su gran amigo José Hierro, “sin vuelo en el verso”.

Celebro el libro, celebro su tono, y celebro que, por lo menos así, Fernando haya vuelto a la radio, que es donde él se hizo.

Publicado en La Opinión, de Murcia, el 24-4-2012

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