SALVADOR ZAMORA, CATEDRÁTICO EMERITO DE LA UNIVERSIDAD DE MURCIA. ESPECIALISTA EN NUTRICIÓN

Domingo, 27 febrero, 2011

MENOS PLATO Y MÁS ZAPATO

SALVADOR ZAMORASu despacho en la Facultad de Biología siempre está abierto, algo que no nos extraña porque es un rasgo fundamental de su carácter. Un hombre afable y gran conversador para el que la comunicación no tiene secretos porque posee la virtud de explicar lo más árido en un lenguaje sencillo y coloquial, como el que utiliza para descubrirnos los secretos de la nutrición. Tema del que ha dirigido más de 30 tesis doctorales y publicado casi trecientos libros.

Quizás este amor por la investigación le viene de cuando visitaba la farmacia de su abuelo en Mazarrón y veía como encendía unas hornillas especiales para hacer los cocimientos, las precolaciones y preparaba los papelillos, los sellos, las pomadas. Un trabajo interesante y artesanal, muy alejado de lo de ganar dinero que hoy se asocia a eso de tener una farmacia. Pero lo cierto es que el quería vivir otra vida y eso fue lo que le llevó a quedarse en la Universidad, aunque nos reconoce que hubiese querido ser un montón de cosas que no tenían nada que ver con la farmacia: “Yo quería ser músico, ingeniero, mecánico, técnico electrónico. Hice algunos cursos sobre estos temas y seguramente ese fue el motivo de que yo entrase en la Universidad”. Y es que, continua contando, uno de los padres de la nutrición moderna, don Gregorio Varela, preguntó una vez en clase si alguno sabía algo de electrónica y él con gran atrevimiento se ofreció para solucionar los problemas surgidos en el laboratorio del profesor y como siempre ha sido un hombre de suerte, tuvo la fortuna de hallar la solución adecuada y se vio entrando como mecánico-electrónico, electricista “realmente no se de que entré”, para terminar dedicándose en cuerpo y alma a lo que ha sido el eje de su vida, la nutrición: “Siempre hemos hecho fisiología relacionada con la nutrición. Porque la madre, los padres de la nutrición moderna, son la fisiológica y la bioquímica. Sin esas dos herramientas es muy difícil saber nutrición”.

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MONSEÑOR JOSÉ MANUEL LORCA PLANES, OBISPO DE LA DIOCESIS DE CARTAGENA

Domingo, 27 febrero, 2011

CON LOS OJOS ABIERTOS AL MUNDO

JOSE MANUEL LORCA OBISPO DE CARTAGENAEs por la mañana y aparece con puntualidad exquisita en el salón en el que le esperamos, en un día soleado. La luz entra a raudales por los balcones del palacio episcopal creando una acogedora atmósfera para una charla que nos ha gustado mantener porque nuestro interlocutor posee una agradable sonrisa, mira a los ojos cuando habla y lo hace con un discurso sencillo y creíble, alejado del maniqueísmo que a veces reprochamos a determinados órganos eclesiásticos.

Posee un cierto aire de deportista así es que no nos extraña cuando, a lo largo de la charla, descubrimos que, de entre sus actividades en el seminario, se encontraba la práctica del baloncesto, como fórmula ideal para descubrir las sensaciones que se experimentan al trabajar en equipo, los valores que se transmiten cuando esto ocurre. Valores que defiende con calor porque, a lo largo de nuestra conversación, siempre ha estado presente el agradecimiento que siente hacia sus colaboradores de ahora, hacia aquellos que, en algún momento de su vida, le transmitieron enseñanzas como, por ejemplo, Mons. Javier Azagra, del que fue secretario. Un tiempo que, nos dice, le permitió conocer el funcionamiento de la Diócesis, junto a una intensa actividad en la misma que le llevó a Totana, Lorca, Cartagena-fue Rector del Seminario mayor y menor-y Murcia, entre otros lugares, así es que damos por supuesto que su vocación sacerdotal nacería casi en su niñez. Pero nos equivocamos porque, nos dice categóricamente que no recuerda en su niñez tener deseos de dedicarse al sacerdocio, que de pequeño eso no estaba en el horizonte de su vida, aunque recuerda que acudía todos los domingos y días de fiesta a misa en compañía de sus abuelos, de su madre, vestidos de domingo. Una misa a las seis de la mañana donde acudía toda la gente de la huerta, gente trabajadora: “Mi inquietud por la cuestión del sacerdocio se produce en el contacto con los jesuitas. En las escuelas profesionales de San Jerónimo. En los Jerónimos”.

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