TODOS SOMOS SERGIO GIL

Todos los de una determinada generación hemos leído alguna vez aquel poema, que unos adjudican a Bertol Brecht y otros a Martín Niemöller, y que decía aquello de: “Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas, guardé silencio, porque yo no era comunista, cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guarde silencio, porque yo no era socialdemócrata, cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté, porque yo no era sindicalista, cuando vinieron a buscar a los judíos, no protesté, porque yo no era judío, cuando vinieron a buscarme a mi, ya no había nadie más que pudiera protestar”.

Pues bien, cuando a un periodista, como Sergio Gil, se le amenaza–llamando por ejemplo a la Agencia EFE para decir que lo van a matar—;cuando un energúmeno blandiendo una barra de hierro arremete contra su coche, con el dentro; cuando el y su familia han de estar protegidos por fuerzas de seguridad, porque escribe e investiga sobre cosas que, parece ser, molestan a determinadas personas, algo muy grave está pasando y, ante esto, no podemos guardar silencio porque, en algún momento, también pueden amenazarnos a nosotros, aunque no investiguemos sobre la corrupción, aunque no escribamos libros como el que Sergio  ha escrito “Daniel García Madrid: Memorias de un alcalde atípico”, aunque simplemente nos limitemos a ejercer este oficio desde la libertad que un estado democrático procura a todos y a los periodistas también.

La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio y ante esto me parecen aterradores algunos silencios, por ejemplo el de la Asociación de la Prensa que, como Pilatos, se lava las manos enviando una nota a sus asociados en la que dice que “sin entrar en valoraciones sobre el ejercicio profesional…” ¿Cómo que la Asociación de la Prensa no tiene que entrar en estas valoraciones? Una asociación  profesional tiene la obligación de defender  a sus socios ante hechos tan graves y no puede limitarse a mostrar su solidaridad con Gil, en una escueta nota, que ni siquiera esta firmada por el Presidente de dicha asociación. La Asociación de la Prensa tiene la obligación de actuar con contundencia ante este atropello a la libertad de expresión, ante este intento obsceno de callar la voz y la palabra de un hombre que, alguna razón tendrá, cuando a resultas de sus investigaciones sobre la corrupción la Fiscaliza del Tribunal Superior de Justicia de Murcia inició un investigación de oficio que ha traído como consecuencia la imputación de 14 personas, entre ellas el Alcalde de Torrepacheco y la alcaldesa  de Fuente Álamo.

Sergio Gil no decaerá. Es un periodista de raza y el sabe muy bien que el ser humano se forja en las dificultades y el periodista en los intentos de amordazamiento.

LA OPINIÓN DE MURCIA

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